ACORDES INTERNACIONALES

Trump: el informe como prueba de fuerza

Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

En el análisis político, el error más común es confundir ruido con señal. Y el State of the Union está diseñado para producir ruido: aplausos coreografiados, invitados convertidos en argumento, gestos que sustituyen razones. Trump, además, ha añadido su sello de espectáculo. Pero, si uno aparta la parafernalia, queda lo sustantivo: el discurso como instrumento de poder. Un modo sobrio de leerlo es por capas.

Primera capa: el mito refundacional. El título no es inocente: America at 250: Strong, Prosperous and Respected. Invocar el 250 aniversario no es celebrar una fecha, sino anunciar una “era dorada” sin retorno. Desde ahí abrió la puerta al eje seguridad–frontera como fundamento del renacimiento nacional.

Segunda capa: Estado fuerte o Estado en alarma. Trump aseguró que no ha entrado “un sólo inmigrante ilegal”, que el tráfico de fentanilo cayó 56 por ciento y que la tasa de homicidios bajó como nunca. Alabó las deportaciones masivas y anunció medidas más duras, como negar licencias de conducir a inmigrantes. Exigió reabrir el DHS y redujo el debate a un falso dilema: proteger a los estadounidenses o a los inmigrantes. Retó a terminar con las ciudades santuario y a exigir identificación para votar. Más que política migratoria, el mensaje construyó a la inmigración como una amenaza estructural.

Tercera capa: el bolsillo. Dijo que la economía “está de vuelta”: inflación en 1.7 por ciento, gasolina por debajo de 2 dólares y tasas hipotecarias a la baja. Al contrastar, la inflación ronda 2.9 por ciento, la gasolina cerca de 2.94 por ciento y las hipotecas alrededor de 6 por ciento. La narrativa es clara: control económico como emoción política. Presentó también las Trump accounts, cuentas de inversión para niños bajo la lógica del capitalismo popular: no transferir renta, sino formar propietarios. No redistribución inmediata, sino incorporación al circuito del capital.

Cuarta capa: el contrapeso. Fue la primera vez que enfrentó en el recinto a los jueces tras el fallo que declaró ilegales sus aranceles. Minimizar el límite judicial y prometer vías legales alternas es también una señal sobre su concepción del equilibrio de poderes.

Quinta capa: el mundo. Afirmó haber terminado ocho guerras. Sin embargo, lo que se observa son treguas frágiles y conflictos reactivados, como en la República Democrática del Congo o en la frontera Camboya–Tailandia. Trump vende cierre pero los cabos sueltos, permanecen. Y adelantó una línea dura frente a Irán y su programa nuclear.

Celebró el abatimiento del líder del narco mexicano, la captura de Nicolás Maduro y la eficacia del Ejército. En ambos casos, comprimió la complejidad política y legal en una historia de operación exitosa: la épica desplazó al derecho.

Sexta capa: la guerra cultural. Sorprende el énfasis en celebrar la cancelación de programas de diversidad, equidad e inclusión. Convertir una disputa cultural en emblema nacional redefine el perímetro del nosotros.

Si tuviera que señalar un solo punto sería que este puede ser recordado como el State of the Union más abiertamente anti inmigrante de la era contemporánea: no por una medida aislada, sino por haber convertido la exclusión en principio narrativo del proyecto nacional. En conjunto, dibujó una nación más estrecha, menos plural en su definición oficial de pertenencia.

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