Para algunos el veinticinco parece ser un número cualquiera. No es una cifra redonda ni espectacular, no impone como el cien ni intimida como el cincuenta. Es una fracción, una cuarta parte de algo. A los veinticinco años ya eres lo suficientemente maduro para hacerte cargo de tu vida, pero sigues siendo demasiado joven para entender tu propósito en ella. Es un porcentaje que apenas llama la atención en una encuesta. En la vida diaria el veinticinco pasa inadvertido, es una cifra que no pinta. El veinticinco tampoco inaugura nada. No marca décadas, no celebra centenarios, no tiene carga simbólica, no abre ciclos ni los cierra. No es mayoría absoluta, no es cifra récord, no es tendencia nacional. Es un dato más en una lista.
Sin embargo, veinticinco fueron los elementos caídos en la operación militar emprendida para capturar a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho.
Ahí el veinticinco deja de ser un simple número para convertirse en la suma real de ausencias que ocuparán la memoria de veinticinco familias que quedan incompletas. Veinticinco héroes y heroínas que no podrán regresar a casa. Veinticinco vidas que se perdieron para evitar que millones de mexicanos siguieran sufriendo el flagelo de la impunidad.

FIFA: confianza total en Sheinbaum
Regatearles el mérito balbuceando que fue un gobierno extranjero el que llevó a cabo la operación de alto riesgo en la que se vieron envueltos, el fin de semana, cientos de elementos no sólo es mezquino, es menospreciar el sacrificio de vida, lealtad y patriotismo de nuestras Fuerzas Armadas. También es minimizar el papel de la comandanta suprema, la Presidenta de México Claudia Sheinbaum. No se puede dejar de lado la realidad. Fue ella quien asumió el costo de detener al capo más poderoso de la historia reciente de México, hasta El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada parecen unos bebés de pecho en comparación con la letalidad del hoy extinto delincuente.
A finales del sexenio de Felipe Calderón iniciaba su reinado. Su poder se incrementó en el sexenio de Enrique Peña, y ahí fue donde el Estado aprendió a tenerle miedo. Lo dejaron claro con las emboscadas a policías federales y con el derribo de un helicóptero en el que perdieron la vida elementos que sólo buscaban defender a México. El colmo no fue haber mandado matar a un joven que se creía influencer, el colmo fue cuando asesinaron a sangre fría a Iván, el único sobreviviente de aquel fatídico día en el que derribaron la aeronave haciendo uso de armamento militar.
Imposible olvidar lo que sucedió en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, cuando, abiertamente, desde antes de iniciar su gobierno, se anunció un pacto con los criminales, bueno, se anunció una falsa estrategia de seguridad basada en la peor estupidez que ha existido para dejar operar al crimen, sólo comparable con la tibia y suave estrategia que usó Colombia cuando le construyeron una mansión disfrazada de cárcel a Pablo Escobar.
Regatearle el mérito a nuestras Fuerzas Armadas y a su comandanta en jefa al decir que se actuó por presión extranjera o que vinieron comandos especializados para neutralizar delincuentes, es hacer menos a mujeres y hombres que se jugaron la vida para corregir lo que durante años se permitió crecer.
La Presidenta pasará a la historia por tener más determinación que sus antecesores. Sí, los delincuentes crearon caos, quemaron vehículos y establecimientos, hicieron lo que hacen los delincuentes. Pero la Presidenta y nuestras Fuerzas Armadas hicieron lo que corresponde hacer al Estado, ejercer el poder, enfrentar al crimen y recuperar el control, algo que por miedo o tibieza no se había hecho con esa firmeza en años anteriores.
Hoy ponen el grito en el cielo por los desmanes posteriores a la captura del capo, pero hay muy pocos escandalizados por los miles de muertos, desaparecidos, extorsionados, desplazados y amedrentados que dejó su reinado. Hay poca indignación por las familias que lloran en sus casas porque no volverán a ver a sus hijos, nietos, hermanos o padres. De ese tamaño es la falta de empatía de quienes prefieren anteponer una agenda política, insinuar intervención extranjera y minimizar la vida de veinticinco hombres que no regresarán a abrazar a sus familias por haber participado en un operativo histórico que, les guste o no, contribuye a la pacificación del país.
Para usted puede parecer poco ese sacrificio. Para quienes han vivido sometidos al terror, no lo es. Hoy corresponde honrar el valor de quienes participaron en la operación para eliminar a quien había perdido todo respeto por nuestro país y por la vida humana. Hoy corresponde reconocer la decisión de quien asumió la responsabilidad política de hacerlo. Gracias a nuestras Fuerzas Armadas, gracias Presidenta.
Reenviado.
“Un día el miedo llamó a la puerta. El coraje fue a abrir y no encontró a nadie.”
- Martin Luther King
