PESOS Y CONTRAPESOS

Cinco realidades (5/5)

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Hay cinco realidades, del mundo de la economía, mal entendidas, inclusive por economistas: el mercado, la riqueza, el empresario, el dinero y el capitalismo. Vale la pena explicarlas.

Ya expliqué el mercado (la relación de intercambio entre compradores y vendedores), la riqueza (los bienes y servicios con los que satisfacemos nuestras necesidades), el empresario (productor y eferente de esos bienes y servicios), y el dinero (cualquier cosa que los agentes económicos acepten como medio de intercambio de esos bienes y servicios). Toca ahora el turno al capital, que es todo lo que se necesita, de manera inmediata, para la producción de bienes y servicios, y, de manera inmediata, para la satisfacción de las necesidades y los gustos, satisfacción que es la que le da valor (que no hay que confundir con costo o precio), al capital.

Hay cuatro tipos de capital. El natural, los recursos naturales necesarios para la producción de satisfactores, la mayoría de los cuales, en su estado natural, no sirven como satisfactores (ejemplo: el petróleo, que hay que buscar, encontrar, extraer y refinar para convertirlo en gasolina). El físico, las instalaciones, maquinaria y equipo necesarios para transforma los recursos naturales en satisfactores. El humano, los conocimientos, habilidades y actitudes necesarios para poder operar la maquinaria y el equipo, para poder transformar los recursos naturales en satisfactores. El financiero, el dinero que se utiliza para producir, mejorar, multiplicar, reparar, reponer, adquirir cualquier otro tipo de capital.

La economía es esencialmente capitalista (no en el sentido que le dio Marx al término: un sistema de producción basado en la extracción de plusvalía, de parte del empresario, al trabajador asalariado), sino en el sentido de que, para producir bienes y servicios, y por lo tanto para satisfacer las necesidades y los gustos, se necesita capital, definido, precisamente, como todo lo que se requiere para producir.

La pregunta no es capital o no capital, sino de qué manera (pongo de ejemplo los dos extremos, entre los cuales hay varias posibilidades de economía mixta), empresas privadas compitiendo entre sí, o empresas monopólicas del gobierno, se hace mejor uso, más productivo y más competitivo, del capital, en beneficio de los consumidores. Obviamente, con la primera.

Una economía compuesta, por el lado de la oferta, nada más por empresas monopólicas del gobierno, sería una en la cual el derecho a la libertad individual para producir, ofrecer y vender, así como el derecho a la propiedad privada sobre los medios de producción, necesarios para emprender, no estarían, ni plenamente reconocidos, ni puntualmente definidos, ni jurídicamente garantizados, algo propio del Estado de chueco (comunismo), antítesis del Estado de derecho (economía de mercado en el sentido institucional del término).

Si la economía es esencialmente capitalista, el capital no es malo. Afirmar lo contrario implica afirmar que los recursos naturales; las instalaciones, la maquinaria y el equipo; los conocimientos, habilidades y actitudes; el dinero destinado a la producción, mejora y acumulación de capital, son algo malo de lo que hay que prescindir. Si prescindiéramos de todo ello, ¿sobreviviríamos?

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