LA VIDA DE LAS EMOCIONES

De cómo la Inteligencia Artificial amplifica la psicopatología*

Valeria Villa*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Cada vez hay más personas que piensan que la Inteligencia Artificial podría ofrecer psicoterapia o al menos servirle de complemento. Existe un chatbot que promete ayudar al usuario a curarse del apego ansioso por unos cuantos dólares al mes. Se trata de una obvia estrategia basada en el mecanismo de desplazamiento: en vez de escribirle a la pareja mil mensajes al día preguntando si nos quiere, ahora se lo podemos escribir a una aplicación.

La oferta de disponibilidad absoluta, respuestas inmediatas, sin ninguna opinión que pueda incomodar, es muy atractiva para cada vez más personas, que piensan con toda seriedad que los terapeutas nos vamos a quedar sin trabajo muy pronto.

Desde una perspectiva clínica, es más probable que la IA complique el trabajo psicoterapéutico y que incluso intensifique las patologías existentes.

La experiencia emocional se organiza a partir de un estilo de personalidad, que no es en sí mismo patológico y que sólo se vuelve un problema cuando se rigidiza y se vuelve defensivo. Los chatbots terapéuticos carecen de responsabilidad clínica y tienden a adaptarse, validar y reforzar las creencias del usuario. La validación constante puede favorecer las defensas en lugar de transformarlas. Por ejemplo, en personalidades con rasgos narcisistas, la IA puede magnificar la grandiosidad, el egocentrismo y la omnipotencia. Al ofrecer una relación sin fricción, sin límites y sin que haya otro real, refuerza la expectativa de gratificación inmediata y la fantasía de un otro siempre disponible y complaciente.

En personas con rasgos paranoides, el algoritmo puede validar sospechas y teorías conspirativas, alineándose con las proyecciones del usuario. La IA no tiene una subjetividad que confronte o module. Su función es responder y sostener coherencia narrativa. El resultado puede ser un aumento de la desconfianza.

Para personalidades evitativas, el riesgo es todavía más obvio, ya que el chatbot se convierte en un sustituto de la experiencia relacional. En vez de afrontar la ansiedad social y construir vínculos reales, la persona encuentra un espacio seguro que perpetúa la evitación.

En personalidades obsesivo-compulsivas, la IA puede reforzar la intelectualización y la rumiación. La interacción constante favorece el análisis interminable y la abstracción, desplazando la experiencia emocional directa. Incluso el uso del chatbot puede transformarse en compulsión.

En rasgos esquizoides o esquizotípicos, el peligro es el retraimiento progresivo hacia mundos internos. La interacción digital puede normalizar distorsiones perceptivas o narrativas extrañas, sin la corrección que puede ofrecer la presencia humana.

En la organización borderline, la IA corre el riesgo de convertirse en el objeto bueno que todo lo sabe, siempre disponible e incondicional, a diferencia del terapeuta malo que no está todos los días ni a todas horas. Esto puede afectar la capacidad para mentalizar, que es la habilidad para reconocer estados mentales propios y ajenos, central en el trabajo terapéutico.

Los estilos histriónicos pueden encontrar en la IA un escenario que simula atención constante, mientras que estilos dependientes pueden verse reforzados por la fuente inagotable de “cuidado” que no necesita autonomía.

En configuraciones antisociales, el chatbot puede utilizarse para racionalizar conductas de explotación.

Diversas investigaciones han demostrado que los tratamientos psicodinámicos producen mejoría significativa y duradera, aun después de finalizado el proceso terapéutico. Estudios publicados por la IPA (Asociación Psicoanalítica Internacional) señalan que el efecto de la psicoterapia psicodinámica es comparable al de otros tratamientos empíricamente validados, con cambios estructurales en la personalidad y en la regulación afectiva. El trabajo de Peter Fonagy ha sido especialmente relevante para demostrar que la capacidad de mentalización, desarrollada en el vínculo terapéutico, es un factor central en la cura. La diferencia crucial es la presencia de un otro real, porque la psicoterapia no es sólo un intercambio de información, es un encuentro entre mentes. Es en la tensión, en el límite y en la presencia del otro con subjetividad propia donde se transforman las defensas. La IA puede simular comprensión, pero no puede sentirla. Tampoco experimentar contratransferencia, ni participar en un proceso ético de cuidado, indispensable en una transformación llena de complejidades, que surge en un vínculo terapéutico.

*Basado parcialmente en el trabajo

de Jonathan Shedler.

De cómo la Inteligencia Artificial amplifica la psicopatología*Valeria Villa

Your browser doesn’t support HTML5 audio

Temas:
TE RECOMENDAMOS: