PUNTO CIEGO

Adiós a los sinecuristas

Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

Sinecurista es como se define a la persona que ocupa una sinecura, es decir, alguien que desempeña un trabajo, encomienda o empleo que exige poco o nada de esfuerzo. El término proviene del latín sine cura, que significa “sin cuidado”, y se usa para describir una posición bien pagada y cómoda con muy pocas responsabilidades, o lo que es lo mismo, implica obtener beneficios sin un gran esfuerzo.

Eso mismo traducido a nuestra gran política mexicana es los que hacen una distinguida lista de plurinominales. Esa honrosa y bien pagada figura que surgió producto de las reformas electorales de 1977 y 1996 como una forma de tomar en cuenta a las minorías. Esta figura terminó por viciarse y convertirse en una forma de pago de favores, concesiones, o hasta de consentir a los líderes partidistas. La cúpula dorada de los partidos aprendió a vivir cómodamente en esta lista, la cual ha sido redactada con especial ambición, y para muestra es válido enlistar a quienes sin el más mínimo esfuerzo, sin haber pasado por el beneplácito del ciudadano, sin haber sudado una sola gota de sudor, sin haber desgastado las suelas de sus finos zapatos, han encabezado tan anhelada posición:

Alberto Anaya Gutiérrez, del Partido del Trabajo, suma alrededor de 25 años ocupando cargos legislativos por la vía plurinominal, alternando entre la Cámara de Diputados y el Senado desde 1988.

Le sigue el priista Carlos Aceves del Olmo, con cerca de 18 años. El líder de la CTM también ha transitado de cámara en cámara hasta 2024, sin necesidad de pasar por una elección directa.

A esta lista se sumanArturo Escobar, del PVEM, con 15 años; la panista Kenia López Rabadán, con la misma cantidad de años; seguida muy de cerca por el senador Manuel Velasco, del PVEM, con 13 años; y con aproximadamente 11 años, en empate, Alejandro Moreno, del PRI; Reginaldo Sandoval Flores, del PT; y Amalia García. Les siguen, con cerca de 9 años, Carlos Puente, del PVEM, y Jorge Romero, del PAN. La lista continúa con personajes que llevan largo tiempo disfrutando del presupuesto legislativo.

¿Por qué esto es malo? Porque son ellos, los que pusieron a trabajar y a gastar a sus candidatos, los cuales buscaron legítimamente un espacio por la vía directa del voto, los que les sumaron votos para permitir a unos cuantos llegar y que al final del día son quienes terminan decidiendo, negociando, administrando y acaparando las decisiones de los grupos parlamentarios en las cámaras.

Por eso es más que viable la propuesta de reforma electoral que lanza la Presidenta Claudia Sheinbaum. Porque se tienen que acabar esos cacicazgos que no permiten que los acuerdos caminen, porque se debe terminar el abuso de los líderes partidistas que segregan a quienes sí ganaron convenciendo al electorado con sus propuestas.

Como apunte, les quiero dar un ejemplo el cual estoy seguro que en las primeras líneas y por tratarse del vecino país les va a encantar, pero que ahora que andan poniendo el grito en el cielo es justo que lo conozcan: Estados Unidos es uno de los países donde la representación política descansa directamente en el voto. Ahí también existen legisladores que pasan muchos años, inclusive décadas ocupando un escaño, algunos incluso entre 40 o 50 años. La diferencia es que todos han llegado y se han mantenido mediante elecciones sucesivas. No hay listas que los coloquen en el cargo sin competir. Cada periodo deben volver a convencer a su distrito o a su estado de que merecen seguir ahí.

No me gustan las comparaciones, pero este dato es una realidad. Por el bien de México y de nuestra democracia, bienvenida sea la propuesta para que se acaben los sinecuristas, o en otras palabras, aquéllos por los que nadie vota, aunque digan que en la parte trasera de la boleta también aparece su nombre.

Reenviado.

”No se ha de confundir a los retirados o jubilados con los sinecuristas. Los retirados son los que ya no trabajan, los sinecuristas son aquéllos que no trabajaron jamás”.

Armand de Pontmartin

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