A 99 días de la inauguración del Mundial de Futbol, en un contexto internacional marcado por la guerra en Medio Oriente y acciones estratégicas en materia de seguridad nacional, México tiene la oportunidad de ejercer plenamente su capacidad institucional en la gestión de eventos con gigantesca presencia global.
A pesar de todos los pesares, evolucionan diversos resultados nacionales y locales. No así las percepciones de inseguridad. Aparecen momentáneamente desalineadas. No hay coincidencia con los avances duros registrados. Acertijo y desafío pendientes de muchos gobiernos locales y del federal.
La exhibición del trofeo original de la FIFA en la conferencia matutina de la Presidenta Claudia Sheinbaum, acompañada por Bebeto, campeón con Brasil en 1994, desborda cualquier postal. Implica la asunción nacional de un torneo como asunto de Estado y de una comunidad deseosa de continuar la consolidación de la estrategia de seguridad. Es “demostración al mundo de un México fuerte”, dijo la mandataria. La escena proyecta orden, coordinación y confianza para conducir un proceso complejo sin sobresaltos, a pesar del descuido de uno de los coorganizadores nacionales al sobreestimarse con una capacidad infinita de controlar conflictos generados por el propio gobierno del norte. Incluso, la secretaria de Seguridad Nacional de EU, Kristi Noem, admite obstáculos, hasta ahora, laborales en la capacidad para garantizar un Mundial seguro.

El funeral y el todo
El eco en la capital de una voz positiva se detonó con la organización del concierto de Shakira, del cual algunas mezquinas voces, primero, deseaban y preveían lo peor para, luego, alzar la cara en un mohín de desdén ante la evidencia y capacidad de seguridad demostrada respecto de 400 mil asistentes y con saldo blanco.
La destacada capacidad de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, para consolidar un modelo de seguridad basado en inteligencia operativa, proximidad y videovigilancia, contrasta con los afanes de algunos por omitir la evidencia. El Mundial ratificará a la Ciudad de México como metrópoli global capaz de gestionar concentraciones masivas sin fracturar la cotidianeidad. Control preventivo con respeto a derechos y libertades.
La tensión entre Estados Unidos e Irán elevó la alerta. Frente a una sede compartida del torneo, con una frontera norte estratégica, México ha optado por una diplomacia preventiva y consistente con su tradición de no intervención. Esa prudencia implica lectura fina del partido. Supone reconocer tentaciones terroristas. Reivindica la utilidad de la responsabilidad ciudadana para acompañar con reportes y denuncias como insumo para intervención policial investigativa.
El incremento de 37 por ciento en equipos de videovigilancia en el 2025 evidencia una política sostenida de inversión tecnológica a permanecer, aun después de que uno de los 48 equipos —aunque los pronósticos sólo dan posibilidades a tres selecciones— levante la copa, como ya lo hizo Sheinbaum.

