Hace dos meses me mudé a Dubái. La primera imagen es indeleble: opulencia, lujo, modernidad, innovación, multiculturalidad y, sobre todo, mucha seguridad. Unas semanas después, la ciudad que se caracteriza por el aeropuerto con más operaciones del mundo está atrapada en medio de un conflicto ajeno. Si bien el país se ha defendido extraordinariamente de los ataques de Irán, el humo que queda tras las intercepciones es de incertidumbre. La pregunta que acecha al sistema de protección, al conflicto y a los actores principales del conflicto es: ¿cuánto durarán?
Hay que destacar que la preparación y la respuesta del gobierno emiratí han sorprendido a todos. Un país de apenas 11 millones de habitantes ha podido interceptar más de 220 misiles balísticos y más de mil drones. La defensa aérea, los sistemas de alarma, la infraestructura, los jets que acompañan a los aviones comerciales que salen del aeropuerto de Dubái reflejan la capacidad económica y tecnológica que tiene este país.
Las tres figuras más importantes del gobierno emiratí se encontraban paseando entre la gente en el Dubai Mall, el centro comercial más grande del mundo, como mensaje de respaldo a su plan de acción y de asegurar a la gente que si ellos están allí es que es seguro para quien sea. La gente que lleva mucho tiempo viviendo aquí confía en que manejarán las cosas para garantizar la seguridad de los habitantes y turistas. Sin embargo, ningún sistema es infinito.

La riqueza de las naciones (2/5)
Los mecanismos Patriot y THAAD tienen un límite de misiles que pueden interceptar. Es más de 20 veces más caro un misil interceptor que los que lanza Irán, además de que el gobierno iraní anunció recientemente que apenas sacará la artillería pesada. Más allá de los ataques bélicos, Irán puede realmente dañar a Dubái, al Golfo y al mundo con el estrecho de Ormuz y con el impacto en el sector energético. Algunos expertos estiman que el precio del petróleo podría subirse a más de $150 USD por barril. ¿De qué depende el desenlace?
Dubái no se involucrará directamente en el conflicto porque sabe que inmediatamente se volvería un blanco directo de Irán, lo cual impactaría negativamente su estabilidad financiera, la atracción de turismo y el futuro como hub de conectividad mundial. Por otro lado, Trump ya consiguió lo que quería: el encabezado de derrocar al ayatolá, levantar su popularidad y dañar a China obstruyendo la proveeduría de petróleo. No obstante, la polarización en los posicionamientos internos sobre el tema orillará a Trump a no permanecer en Teherán para la reconstrucción del régimen. No les interesa. Finalmente, Israel querrá continuar con el conflicto hasta acabar con la guardia revolucionaria iraní, atacar a Hezbolá y avanzar en sus objetivos regionales.
Irán ya anunció que no frenará sus ataques. Si EU no continúa, eso le dará más oxígeno a Irán para continuar con sus ataques, sobre todo ante la probabilidad alta de que Israel extienda su ofensiva. Esto deja a los países del Golfo en una posición vulnerable. Si bien se espera que Dubái deje de ser un blanco recurrente de sus misiles, las repercusiones energéticas, aeroportuarias y económicas harán temblar hasta al Burj Khalifa; si el edificio más alto del mundo tiembla, es porque el suelo global se sacude al mismo son.

