SOBRE LA MARCHA

Mon-Real, dinastía que reclama su reino

Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Al senador Saúl Monreal lo dicho el fin de semana por la presidenta de su partido —hasta ahora— no lo convence. Menos lo persuade de insistir en que él tiene merecimientos y trayectoria por encima de los estatutos partidistas.

Sus derechos constitucionales lo guían y le abren la puerta a disputar en el Tribunal Electoral la voluntad ética que la Presidenta Sheinbaum pretende en su movimiento. Lo suyo, afirma sin rubor, no entra en el saco del nepotismo que la primera morenista de la nación quiere proscribir.

Lo suyo, ha dicho a quien presta oídos y micrófonos, es como si en una familia de abogados al Benjamín de la casta le prohibieran estudiar derecho porque sus hermanos ya son abogados. Pues no.

O doctores, curas o contadores. Así la falta de respeto del político zacatecano a la inteligencia ajena. Obvio, presume que la vida no se le va en esa candidatura. Que si no…

El primero de los Monreal en gobernar Zacatecas hace casi tres décadas fue Ricardo, hoy diputado. Para ello, el doctor en Derecho Constitucional y profesor de la UNAM tuvo que romper con su partidazo de entonces. El PRI no lo quería no por razones de ética, sino de cuates y cuotas.

Para el también exaspirante a Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, la cosa estaba clara, si se disciplinaba como priista de toda la vida sabía que no habría segunda opción. Quemó su nave, brincó al PRD, compitió y ganó. Estableció a su entidad como epicentro de influencia política y poder.

Hace seis años David, otro de los hermanos con inquebrantable vocación por servir a los demás, transitó relativamente sin sobresaltos para refrendar la potestad de la familia Monreal de mandar en su tierra. Poder local y proyección nacional. Pinza para ir y venir entre presidencias municipales y Congreso federal.

Luisa María Alcalde fue clara durante el Consejo Político de Morena, lo importante es el proyecto, la ética del movimiento, hasta las apariencias; ninguna aspiración individual, por legítima que sea, debe prevalecer.

De haber consistencia en el núcleo presidencial morenista y al menor de los hermanos Monreal ni siquiera lo consideran en las listas para las primarias del movimiento, o encuesta interna, entonces, además de la ociosidad de ganar en tribunales lo que en política no le reconocen, pues replicar la jugada de su hermano mayor hace 30 años, puede ser alternativa.

Si la dinastía Monreal asume que en el Morena de los tiempos de Sheinbaum viven horas bajas con tendencia a empeorar, ¿por qué no independizar su región del partidazo bajo otra bandera pseudo ideológica?

Habrá monreales para rato, próximas generaciones que abracen la política y la vocación de servir que no deberían truncar sus aspiraciones para gobernar sólo porque tres o cuatro del clan ya lo hayan hecho. En Morena o en contra de Morena, el feudo es de quienes lo pelean.

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