POLITICAL TRIAGE

Un mundo sin ley

Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Los horrores de la Segunda guerra mundial y las amenazas de la Guerra fría dotaron al mundo de una consciencia del peligro del poder. Occidente, en pleno apogeo económico y político, consideró que eran necesarias leyes y organizaciones internacionales que fungieran como límites y árbitros entre las naciones. Los conflictos bélicos y las intrincadas redes del comercio internacional se rigieron por normas y derechos que mal que bien eran considerados por todos los actores.

Con la globalización, esta estructura de derechos internacionales fue imprescindible y se generó, principalmente en Europa, un sueño de progreso, paz y unidad basada principalmente en el comercio justo y la movilidad ciudadana. Estas ideas dominaron por décadas el mundo, aunque ignoraban fenómenos, culturas y modelos económicos en la periferia de su comprensión.

El sistema no era perfecto y muchas veces se vieron violaciones o manipulaciones cuando algún miembro del club quería actuar al margen de la ley. La invasión a Irak por parte de EU es un ejemplo de cómo se violó la ley internacional por intereses particulares. Sin embargo, para violar una ley es necesario reconocerla.

Actualmente, este sistema se ha roto. Estamos ante el fin de un breve parpadeo en la historia de la humanidad en el que pensamos que podríamos tener algún tipo de sistema legal internacional y hemos regresado paulatinamente a los días en los que cada actor internacional busca su beneficio sin reconocer ni preocuparse por la opinión de los demás. China, Rusia, Estados Unidos, Israel… son ejemplos de países que no piden perdón ni permiso para ejercer la fuerza para avanzar sus intereses nacionales, retando el orden mundial y redibujando la geopolítica de nuestros días.

Para Europa, este retorno implica una problemática compleja al estar atrapada en medio de grandes potencias como son Rusia y EU. Amenazada por ambas, apoyada realmente por ninguna. Sin un poderío militar que le permita entrar en la palestra, se ha aferrado a la defensa del estado de derecho internacional. Sin embargo, sus llamados a la racionalidad cada vez resuenan menos incluso hacia dentro de sus fronteras. El avance de los partidos antieuropeos es patente y el repunte de nuevos liderazgos acorde a los tiempos parece inminente.

Para el occidente de los derechos humanos, las Naciones Unidas y los tribunales internacionales, éste será un duro despertar. Las convicciones profundas del derecho internacional se pondrán a prueba y comprobaremos si la unión de los débiles tiene detrás algo más que un comprensible impulso de supervivencia. La unión entre los países europeos y la solidez política hacia dentro de sus fronteras será pieza clave en el futuro de la región ante el nacimiento de un nuevo mundo sin ley.

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