ANTROPOCENO

La derecha alternativa in vitro

Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

“Un niño concebido in vitro no tiene familia, pero un cuate que se cree mujer es mujer”, dijo un caricaturista que se ha convertido en ideólogo de la derecha alternativa mexicana. La ministra de la Corte María Estela Ríos había usado el ejemplo de niños nacidos in vitro y sin padres (como en la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley) para ilustrar un punto sobre violencia. Pero la bien aceitada maquinaria formada por influencers y medios tradicionales convirtió ese comentario marginal en un supuesto posicionamiento conservador que buscaría excluir a menores nacidos mediante reproducción asistida.

Un caso claro de manipulación de la opinión pública. Como escribió Sabina Berman: “Hay suficientes problemas graves como para distraernos con problemas inventados”.

La anécdota es reveladora porque muestra el modo de operación de un ecosistema político que apenas comienza a consolidarse en México. No coincide con la vieja derecha católica, ni con la derecha empresarial clásica. Tampoco con el conservadurismo liberal que alguna vez representó el PAN. Tiene otro cariz: es una derecha alternativa que nace en Internet, se alimenta de la lógica del escándalo digital y construye su identidad a partir de guerras culturales importadas.

Mientras que la derecha tradicional mexicana está representada por el PAN, la derecha alternativa se está agrupando en torno al nuevo partido Somos MX. Aunque éste no sea homogéneo e incluya a activistas progresistas por la democracia, varios miembros de su Consejo Consultivo han expresado posiciones contra el wokismo, tema que también ha unido a las derechas tradicional y alternativa en Estados Unidos (donde Kamala Harris era presentada por sus críticos como la woke mayor por su discurso de inclusión hacia mujeres y personas trans). Además, varios de esos consejeros de Somos MX son, como Donald Trump, representantes de una generación de adultos mayores inquietos ante “tanta apertura”.

Con Eduardo Verástegui retirado recientemente de la política, la agenda conservadora parece quedar en manos de esta derecha que no quiere decir su nombre para no sufrir el fracaso electoral que experimentó aquél.

Gran parte de la base de la derecha alternativa está en las tóxicas redes sociales. Pero no se les puede descartar sólo por ello. Las victorias electorales de Donald Trump (especialmente en 2016) demostraron que las subculturas políticas, basadas en Internet, pueden influir en la política nacional.

El Internet de 2026 ya no es la plataforma abierta de hace veinte años. Hoy está jerarquizado, polarizado y minado de desinformación. Ese es el ambiente en el que los ideólogos de la derecha alternativa quieren ascender. Buscan montarse en temas virales (desde modas juveniles, como los therians, hasta polémicas culturales) para redirigirlos hacia sus enemigos preferidos: las personas trans, el feminismo o cualquier proyecto político que proponga redistribuir la riqueza.

La derecha alternativa ya está en la incubadora. Aparecerá con más claridad en las elecciones intermedias, como un actor político ensamblado en laboratorio: una derecha in vitro.

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