Se cumplieron, el 9 de marzo, 250 años de la publicación, en 1776, de Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, de Adam Smith. Las tres preguntas, derivadas del título: ¿en qué consiste la riqueza?, ¿cuáles son sus causas?, ¿qué se requiere para que todas las naciones, y no sólo algunas, se enriquezcan?
Ya vimos que para Smith (y el sentido común), la riqueza consiste en los bienes y servicios que satisfacen necesidades, que su causa es su producción que consta de seis elementos: el trabajo productivo, la división del trabajo, la extensión del mercado, la proporción entre el trabajo productivo y el improductivo, la acumulación de capital, el sistema de la libertad natural que tiene tres componentes: la libertad individual para perseguir el propio interés, la libre competencia y el libre comercio, todo lo cual es éticamente justo, porque se respetan los derechos de los agentes económicos a la libertad individual y a la propiedad privada, y económicamente eficaz, porque se minimiza la escasez y se maximiza el bienestar. Toca el turno al concepto riqueza de las naciones, subrayando el plural.
¿Por qué es importante el plural? En tiempos de Smith, siglo XVIII, la época del mercantilismo, se creía, ¡increíblemente!, que el comercio internacional es un juego de suma cero: unos ganan y otros pierden. Ganan los países que exportan más de lo que importan, por lo que su balanza comercial es superavitaria. Pierden los que importan más de lo que exportan, por lo que su balanza comercial es superavitaria. Smith, partiendo del sentido común, y aplicando la lógica, demostró que, del comercio internacional, independientemente del resultado de la balanza comercial, déficit o superávit, todos ganan.

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Éstos son sus argumentos: (i) el comercio internacional, lo mismo que el intranacional, no es un juego de suma cero (uno gana y otro pierde), sino de suma positiva (todos ganan, ya que cada uno valora más lo que recibe que lo que da a cambio); (ii) pretender exportar más de lo que se importa es absurdo, porque se reduce la oferta en el país: salen más bienes de los que entran, aumentando la escasez ; (iii) las medidas proteccionistas, propias del mercantilismo, con las que se prohíben o limitan las importaciones, favorecen la monopolización de la producción nacional, en contra del mayor bienestar para los consumidores, que debe ser, esto Smith lo tenía claro, el fin de la economía; (iv) además de que el mercantilismo y el proteccionismo son éticamente injustos (violan el derecho a la libertad individual de los consumidores nacionales a comprar productos importados y el de los productores extranjeros a exportarlos), y económicamente ineficaces (al prohibir las importaciones se reduce la oferta de bienes, aumenta la escasez y disminuye el bienestar), motivan la guerra entre los gobiernos (se la atribuye a Federico Bastiat esta frase: “Si no pasan las mercancías pasarán los cañones”); (v) el mercantilismo es, en esencia, lo que hoy llamamos capitalismo de compadres (neomercantilismo), privilegios otorgados por el gobierno a empresarios, protegiéndolos de la competencia, por lo menos de la que traen consigo las importaciones, siempre en menoscabo de los consumidores, cuyo bienestar debe ser el fin de la economía.
Continuará.
