BAJO SOSPECHA

“Para Irán, EU es el ‘Gran Satán’ e Israel el ‘pequeño Satán’”

Ana Paula Ordorica advierte que la confrontación en Medio Oriente podría derivar en represalias indirectas; no será una guerra convencional, será un conflicto largo, acusa

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán pueden tener consecuencias muy graves. Para el régimen iraní, profundamente religioso y que considera a EU como “el Gran Satán” y a Israel como “el pequeño Satán”, este conflicto puede derivar en una guerra asimétrica, con el riesgo de atentados terroristas. De esto platiqué esta semana con la periodista y especialista en temas internacionales Ana Paula Ordorica, quien explica el contexto del conflicto y sus repercusiones.

Ana Paula Ordorica (APO): Este conflicto no surge de la nada. Tiene antecedentes que se remontan a finales del año pasado, cuando comenzaron fuertes protestas contra el régimen iraní. Fueron manifestaciones de una población cada vez más cansada de una economía devastada, de una inflación muy alta y de una situación social que se ha vuelto prácticamente insostenible. Paradójicamente, se trata de un país exportador de petróleo, pero que sufre apagones y una enorme precariedad para gran parte de su población.

La respuesta del régimen fue extremadamente dura. Hubo represión contra quienes salieron a protestar. No hay cifras precisas, pero algunas estimaciones hablan de miles de personas muertas. Al mismo tiempo, Trump venía amenazando con una posible intervención militar. 

Para entender lo que ocurre en Irán hay que recordar que Irán es una teocracia. El poder real no lo tiene el presidente, sino el líder supremo, que controla la Guardia Revolucionaria, la estructura militar más poderosa del país que concentra gran parte del poder armado y político dentro del sistema iraní.

Bibiana Belsasso (BB): ¿Qué tan real es el argumento de EU sobre el programa nuclear iraní?

APO: Es un argumento que genera muchas dudas. Si recordamos lo que ocurrió en 2025, durante la llamada guerra de los doce días, EU llevó a cabo ataques contra los complejos nucleares más importantes de Irán, particularmente Natanz y Fordow. En ese momento, Donald Trump afirmó que las capacidades nucleares iraníes habían sido prácticamente destruidas. Utilizó incluso la palabra “obliteradas”.

Por eso resulta contradictorio que unos meses después se argumente que Irán volvió a convertirse en una amenaza nuclear inmediata. La realidad es que el régimen iraní es extremadamente hermético y es difícil saber con precisión cuál es su capacidad real. Lo que sí sabemos es que, tras la salida de EU del acuerdo nuclear en 2018, se perdió gran parte del mecanismo internacional de supervisión que permitía verificar qué estaba ocurriendo dentro del programa nuclear iraní.

Ahora bien, más allá del tema nuclear, Israel siempre ha considerado a Irán una amenaza existencial. Y no sólo por la posibilidad de que algún día tenga armas nucleares, sino por su capacidad de misiles. Irán tiene misiles que sí pueden alcanzar territorio israelí, incluyendo Tel Aviv. Por eso el primer ministro, Benjamin Netanyahu, llevaba años intentando convencer a distintos presidentes estadounidenses de atacar directamente a Irán.

BB: ¿Qué papel juega el componente ideológico y religioso del régimen?

APO: Juega un papel central. El régimen iraní basa buena parte de su legitimidad en la confrontación con Occidente. En su narrativa política, EU es el “Gran Satán” e Israel es el “pequeño Satán”. Esa narrativa no es sólo propaganda, forma parte del discurso ideológico del régimen desde la revolución islámica de 1979.

Mientras el régimen mantenga esa confrontación con Occidente, puede justificar ante su propia población muchas de las dificultades económicas y sociales. El liderazgo religioso presenta esta confrontación como una misión histórica y religiosa. En esa lógica se convierte en una especie de deber espiritual. Eso explica por qué el régimen puede tolerar niveles muy altos de sufrimiento económico y social. Tal vez no toda la población comparta esa visión, pero el liderazgo político y religioso sí la sostiene.

BB: ¿Existe realmente el riesgo de ataques en territorio estadounidense?

APO: Sí, existe, y ahí aparece el concepto clave para entender lo que está pasando: la guerra asimétrica. Irán sabe perfectamente que no puede enfrentarse a EU en una guerra convencional. EU tiene una superioridad tecnológica y militar que Irán no puede igualar. En lugar de una confrontación militar directa, Irán puede intentar causar daño a través de ataques indirectos que pueden incluir sabotajes, ataques contra aliados en Medio Oriente, ciberataques o atentados terroristas.

BB: La mayor amenaza para EU no sería un ataque militar directo.

APO: Exacto. El mayor riesgo no es un ataque con misiles o una guerra convencional. El peligro más grande está en acciones mucho más difíciles de prevenir: ataques terroristas o contra instalaciones diplomáticas o civiles y sabotajes.

Ese es justamente el corazón de la guerra asimétrica. Cuando un actor sabe que no puede ganar una guerra convencional, intenta infligir daño mediante métodos inesperados y más difíciles de neutralizar.

Además, Irán tiene una red de aliados y grupos afines en distintas partes del mundo. Algunos son milicias en Medio Oriente, pero también existe la posibilidad de que se utilicen células o individuos radicalizados para llevar a cabo atentados.

BB: ¿Podría haber una reconfiguración geopolítica?

APO: Es posible. Mucho dependerá de cómo evolucione el impacto económico del conflicto. Un factor clave es el petróleo. Si la guerra afecta el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, el precio podría dispararse y eso generaría presión política en muchos países. También hay que considerar la política interna estadounidense.

Trump enfrenta elecciones intermedias y el precio de la gasolina es un tema sensible para los votantes. Uno de los escenarios posibles es que intenten presentar esta intervención como un éxito, por ejemplo, señalando la eliminación del líder supremo iraní, y después busque una salida relativamente rápida del conflicto.

BB: ¿Es realmente posible que EU logre derribar al régimen iraní?

APO: Es muy difícil. Estamos hablando de un país de casi noventa millones de habitantes, con un territorio enorme y un régimen que lleva décadas preparándose para una eventual intervención. Pensar que ese régimen puede caer sólo a través de bombardeos es poco realista. Incluso en conflictos mucho más pequeños hemos visto lo difícil que es eliminar estructuras políticas y militares profundamente arraigadas. Además, llevar tropas estadounidenses al terreno sería extremadamente impopular en EU. La sociedad estadounidense está cansada de guerras prolongadas en Medio Oriente. Por eso el escenario más probable es que EU intente limitar su intervención y evitar quedar atrapado en un conflicto prolongado.

BB: El riesgo inmediato no está necesariamente en el frente militar, sino en las represalias.

APO: Así es. El peligro más inmediato es la respuesta asimétrica. Ataques indirectos que puedan generar un impacto político, psicológico y económico muy fuerte. Esos ataques podrían ocurrir en distintos lugares del mundo, no necesariamente en Medio Oriente. Y justo por eso es un escenario tan complejo. Cuando hablamos de guerra asimétrica, hablamos de un conflicto en el que el actor más débil intenta compensar su inferioridad militar mediante tácticas inesperadas. Ese es el escenario que hoy preocupa a muchos analistas y a los servicios de inteligencia. Porque aunque EU tenga una superioridad militar, es mucho más difícil protegerse contra amenazas pequeñas, dispersas y potencialmente impredecibles. En ese sentido, la guerra contra Irán podría no ser una guerra convencional, sino un conflicto prolongado en el que las represalias y los ataques indirectos se conviertan en el principal riesgo para EU y para sus aliados.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón