TEATRO DE SOMBRAS

Tres entradas a México

Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La Editorial Bonilla y Artigas ha publicado el libro Tres entradas sobre México de J. M. G. Le Clézio, Premio Nobel de Literatura en 2008. La obra, traducida al español por Adolfo Castañón, apareció en México poco antes que el original en francés, que salió con el título de Trois Mexique, publicado por Gallimard.

Es bien conocida la relación tan estrecha y honda que hay entre el escritor francés y México, desde que él vino por vez primera en 1967. El autor quedó enamorado del país: de la gentileza de su gente, de la belleza de sus paisajes, de la riqueza de su cultura. En ese su primer viaje, colaboró con el I.F.A.L. y comenzó a aprender el náhuatl y el maya. En 1977 publicó una traducción del Chilam Balam. Luego, en 1984 publicó una obra que luego sería traducida por el Fondo de Cultura Económica como La conquista divina de Michoacán. Posteriormente, en 1988, publicó otro libro sobre México La Rêve mexicain ou la pensée interrompue que aparecería en español en 1992 con el título de El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, también en el Fondo de Cultura Económica. Y en 1993, también presentó una biografía de Diego y Frida.

En éste su último libro sobre México, Le Clézio elige a tres autores: Sor Juana Inés de la Cruz, Juan Rulfo y Luis González.

Estos tres autores escogidos por Le Clézio vienen de la provincia y no es coincidencia. El autor encuentra en ese origen la fuente de su originalidad y, a la vez, el sello propio que marca su entrada en la cultura universal. Él mismo, según ha dicho en una entrevista, todavía se siente un provinciano cuando recorre las avenidas de París.

Le Clézio subraya la identidad mestiza de Sor Juana Inés de la Cruz. Que supiera hablar náhuatl le interesa sobremanera, tanto o más que si supiera el latín que aprendió en unas cuantas semanas. Sor Juana, nacida en Nepantla, lugar intermedio, es, de acuerdo con el autor, una mujer de dos mundos, el del México más antiguo, el indígena, y el del México que formaba parte, aunque fuera a la distancia, del Siglo de Oro Español.

A Le Clézio le impresiona mucho que Rulfo sea un escritor que decidió dejar de escribir. Su silencio lo compara con el de Sor Juana. Sin embargo, Rulfo toma miles de fotografías y en ellas “busca la verdad del pueblo, guiado por su amor a la gente común, sin excesiva conmiseración, sin la altiva barrera del lenguaje”. Le Clézio parece coincidir con la opinión de que Rulfo es tan grande como artista del lente igual que lo fue como artista de la palabra.

Le Clézio declara que Luis González cambió la manera en la que estudiamos la historia. La microhistoria de su pueblo natal, San José de Gracia, en Michoacán, marca un antes y un después en esa disciplina. Su admiración por el historiador mexicano es patente: lo llama “un escritor, un poeta, un inventor”. El respeto cariñoso que le tiene Le Clézio a Luis González no es libresco, ni de oídas, sino resultado de su relación personal con el académico. El Nobel francés conoció de primera mano la labor del historiador mexicano en El Colegio de Michoacán. Ojalá que este libro de Le Clézio promueva todavía más la importante obra de Luis González en Europa.

Le Clézio nos ha regalado un hermoso libro sobre México. Hay dos temas que aparecen y reaparecen en sus tres capítulos: el de la verdad y el del amor. En cada uno de los autores que examina, Le Clézio descubre distintas maneras en las que esas dos dimensiones de lo humano se viven en México. La lección moral y, a fin de cuentas, existencial, que nos ofrece a partir de esos dos conceptos, toca fibras muy profundas de lo que, en otros tiempos, se llamó la “mexicanidad”. Por lo mismo, no hay que cometer el error de suponer que este libro sólo está destinado al público francés, que sabe poco sobre México. Los mexicanos que lo lean, aunque sepan la mayoría de los datos que ofrece Le Clézio en sus páginas, encontrarán en ellas un espejo pulido que les brindará un reflejo generoso y revelador.

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