El entorno macroeconómico de México para el presente año continúa caracterizado por una elevada vulnerabilidad, resultado de la interacción entre una posición fiscal relativamente estrecha y un entorno externo adverso, recientemente intensificado por la volatilidad en el mercado petrolero.
En este contexto, el mercado de hidrocarburos —altamente influido por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente— se configura como un importante factor de riesgo macroeconómico. Dependiendo de la trayectoria de los precios internacionales del crudo, el rango de impactos es amplio: desde un escenario base con incrementos graduales en los precios de las gasolinas, hasta un escenario adverso caracterizado por presiones inflacionarias significativas y un deterioro en el crecimiento global. Este último escenario adquiere mayor probabilidad ante una eventual prolongación del conflicto bélico. A la fecha, persiste un alto grado de incertidumbre respecto a su desenlace y a la magnitud de sus implicacio-
nes económicas.

Los peores enemigos de Morena
En paralelo, la dinámica inflacionaria en México muestra señales de persistencia. La inflación subyacente se mantiene en niveles elevados, reflejando presiones en costos laborales, así como incrementos en precios agropecuarios y energéticos. A ello se suman la elevada dependencia de importaciones de gas natural y la transmisión de inflación externa, lo que amplifica el traspaso de choques internacionales hacia los precios internos.
En este entorno, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicado a combustibles adquiere un papel central como instrumento de política económica. A través del esquema de estímulos fiscales, el IEPS opera como un mecanismo de amortiguamiento que permite atenuar —al menos parcialmente— la transmisión de choques externos hacia la inflación. No obstante, diversos analistas subrayan que este instrumento conlleva un costo fiscal relevante: la reducción del impuesto para estabilizar precios implica menores ingresos públicos y, potencialmente, una ampliación del déficit, lo que podría incidir en la percepción de riesgo soberano.
Si bien esta lectura es conceptualmente correcta, resulta incompleta. Permitir un ajuste pleno de los precios domésticos de las gasolinas en línea con las cotizaciones internacionales podría generar desequilibrios macroeconómicos de mayor magnitud que el propio costo fiscal. Las gasolinas constituyen un insumo transversal en la economía y tienen un peso significativo dentro del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) —superior al 6% en conjunto—, por lo que incrementos en sus precios generan efectos directos e indirectos sobre la inflación.
Desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, los precios internacionales han registrado aumentos significativos: el crudo Brent ha subido alrededor de 57%, mientras que la gasolina en Estados Unidos —referencia del Golfo— acumula incrementos cercanos a 35%. Bajo un escenario hipotético en el que el Gobierno mantuviera sin cambios la recaudación del IEPS y trasladara plenamente estos incrementos al consumidor final, el impacto directo sobre la inflación en México podría aproximarse a 2.1 puntos porcentuales.
A este efecto se añadirían impactos indirectos relevantes. El encarecimiento de los combustibles se transmite a través de costos de transporte y distribución, afectando particularmente los precios de alimentos y otras mercancías. Considerando estos canales de transmisión, estimaciones preliminares sugieren que un ajuste completo de los precios internos a los niveles internacionales podría elevar la inflación en al menos tres puntos porcentuales.
Las implicaciones macroeconómicas de este escenario son significativas. Un repunte inflacionario de esta magnitud induciría una postura monetaria más restrictiva por parte del Banco de México, elevando las tasas de interés y, con ello, el costo financiero de la deuda pública. Adicionalmente, el endurecimiento de las condiciones monetarias afectaría el crecimiento económico y la recaudación tributaria, de tal forma que los mayores ingresos derivados del IEPS y de las mayores exportaciones petroleras podrían verse parcialmente neutralizados por el deterioro del entorno macroeconómico.
En este sentido, la utilización del IEPS como instrumento de estabilización de precios puede contribuir a contener la volatilidad inflacionaria y a preservar condiciones de mayor certidumbre económica en el corto plazo. Sin embargo, bajo un escenario de choques externos persistentes, su uso prolongado implica costos fiscales crecientes y un deterioro del balance público. La disyuntiva entre estabilidad de precios y sostenibilidad fiscal refleja la ausencia de soluciones óptimas bajo los marcos tradicionales de política económica.

