ANTINOMIAS

Morir en la arena: La Cuba actual de Leonardo Padura

Antonio Fernández. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Antonio Fernández. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón

Leonardo Padura es, quizás, el único escritor de fama mundial que ha tomado la decisión política y personal de permanecer en el Barrio de Mantilla, en La Habana. Esta persistencia geográfica no es un detalle menor; le ha permitido vivir en carne propia la miseria sistémica en la que sobrevive el pueblo cubano para, desde ese epicentro del desastre, narrarnos historias tan desgarradoras como su más reciente novela, Morir en la arena.

La obra nos sumerge en la cotidianidad de una capital espectral, donde la supervivencia es una forma de resistencia agotada. Padura describe con precisión quirúrgica la vida de los jubilados, esos rostros del olvido a quienes la pensión no les alcanza siquiera para costear un cartón de huevos al mes. Estos hombres y mujeres, que alguna vez fueron el motor de una utopía, hoy dependen de las remesas enviadas por sus familiares desde el exilio. La isla se presenta como un escenario de carencias absolutas: no hay combustible y los cortes de electricidad condenan a la población a pasar horas interminables en la penumbra. En esa oscuridad, los “viejos” han perdido la esperanza de ver realizado aquel país imaginario que los gobernantes les prometieron durante décadas.

Padura se cuida de no aludir directamente a la cúpula gubernamental, un silencio táctico que le permite mantener su residencia en la isla. Sin embargo, no necesita el señalamiento explícito; la forma en que narra la precariedad de sus personajes nos deja desolados. A través de ellos, nos transmite la nostalgia por un pasado que se percibía sólido frente a una desesperación provocada por la falta de todo. El miedo al sistema sigue latente, pero se manifiesta como una fatiga histórica; los ancianos ya no tienen la fuerza física ni el temple para la oposición, entregándose a la resignación de una muerte próxima.

El núcleo simbólico del libro se articula en torno a un parricidio: Geni, apodado Caballo loco, mata a su padre. Este acto funciona como una metáfora potentísima: el deseo inconsciente de una generación de terminar con el “Padre de la Patria” o con el sistema patriarcal autoritario que los ha asfixiado. Padura no requiere de una crítica policial directa para transmitir la represión, porque la verdadera opresión es el tiempo perdido y la esperanza triturada. El culpable es el Estado represor que no se ve, pero se siente; un temor internalizado que reprime hasta los deseos más íntimos, dejando apenas el impulso sexual como último refugio de supervivencia.

No obstante, la novela también revela las contradicciones de la Cuba actual, donde existe un éxito económico inaccesible para la mayoría. Personajes como Humbertico, un “santero” con el don de ver el futuro, habita una realidad de casas lujosas, vinos caros y viajes al extranjero, sostenida por consultantes de todo el mundo. Mientras tanto, la diáspora desangra a la nación: alrededor de dos millones de cubanos han migrado para escapar de la miseria, incluyendo a los hijos de los protagonistas. Con este fresco de desolación y contrastes, Padura parece predecir que la Cuba que conocemos está por cambiar drásticamente. Sólo queda esperar que ese giro sea, finalmente, para bien.

Temas: