CARTAS POLÍTICAS

Paridad

Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

El pasado jueves 12 de marzo, el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) presentó un estudio para analizar un siglo de datos sobre las mujeres en México. Los datos muestran cuánto ha cambiado el país pero también cuánto sigue faltando para hablar de paridad en serio.

Los datos del estudio merecen ser difundidos. En poco más de un siglo, México pasó de tener 6.3 millones de mujeres a 64.5 millones. La fecundidad cayó de 6.8 hijos por mujer en los años sesenta a 1.9 en 2023. La edad para casarse se recorrió de la adolescencia a alrededor de los 30 años. El analfabetismo femenino, que a inicios del siglo XX alcanzaba al 78% de las mujeres, se redujo a apenas 5% en 2020. Y si en 1950 las mujeres representaban sólo 12% de la matrícula universitaria, hoy son mayoría en la educación superior. Cambió la estructura demográfica, cambió la familia, cambió la escuela y cambió la relación de las mujeres con el espacio público.

También cambió, aunque no lo suficiente, su lugar en la economía. La participación laboral femenina pasó de 6% en 1900 a 49% en 2020. La brecha salarial se redujo de 27% en 1995 a 13% en 2025. Y, sin embargo, a pesar de este avance, el estudio revela que no sólo las mujeres estudian más, viven más, participan más, sino que además siguen cargando desproporcionadamente con el costo de realizar trabajo no remunerado en el hogar.

De acuerdo con el estudio, las mujeres dedican alrededor de 40 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, frente a 16 horas de los hombres. Se trata de una jornada laboral. Aportan, además, 73% del valor económico de esas tareas. Es decir, México ha incorporado a millones de mujeres a la vida productiva sin haber redistribuido de verdad las responsabilidades del hogar. El resultado es un desequilibrio: se les exige competir en el mercado laboral como si partieran del mismo punto, aunque el tiempo, la energía y las oportunidades estén desigualmente repartidas desde antes.

En política esta desigualdad en el acceso a posiciones de poder se ha corregido con cuotas. Tuvieron que pasar 121 años para alcanzar la paridad total en la Cámara de Diputados y 124 para que México eligiera a su primera Presidenta. Si bien tardó muchísimo más de lo justo, lo que sigue es voltear a ver al sector privado y al sector social.

En 2025, las mujeres ocupaban apenas 14% de los asientos en consejos de administración y sólo 3% de las direcciones generales de las empresas. Las universidades tienen más mujeres, en la política las mujeres se han abierto camino, pero en el sector privado, en los puestos directivos, la puerta está más cerrada que abierta. Esa brecha, además de injusta, es costosísima para el país.

México ha dado pasos importantes. La reforma de “paridad en todo” cambió las reglas del acceso al poder público. La reforma constitucional de 2024 elevó la igualdad sustantiva y la erradicación de la brecha salarial al texto constitucional. En el país ya se implementan políticas públicas para la creación de un Sistema Nacional de Cuidados. No obstante hoy, la situación sigue siendo desequilibrada e insuficiente, las mujeres no sólo se enfrentan a un entorno machista sino es que muchas veces misógino, sino también con un marco jurídico y un esquema social que no ha sido actualizado acorde a la nueva realidad del país que permita a las mujeres participar de forma plena en la economía. Esto se lograría con un adecuado y funcional sistema nacional de cuidados, licencias parentales más equilibradas, incentivos a la formalización, transparencia salarial, criterios de inclusión en consejos y direcciones, entre otras leyes, reglamentos y políticas.

La paridad de género en la economía es una cuestión de justicia y conveniencia. A pesar de que las mujeres son la mitad de la población y la mayoría del estudiantado universitario en México, este equilibrio no se refleja en el mercado laboral, especialmente en los altos niveles jerárquicos. Esta exclusión frena el desarrollo económico del país y las oportunidades de desarrollo de las mujeres. La paridad no es sólo un fin deseable por sí mismo, sino también por sus efectos sociales, políticos y económicos.

Mucha de la información y parte de las reflexiones que se recogen en esta columna las pueden encontrar en la página del Imco: Mujeres en la economía: 100 años de datos.

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