El incendio de un vehículo a un costado del muro perimetral de la Refinería Olmeca (o de Dos Bocas) y el derrame de hidrocarburos hacia el Río Seco sólo se puede explicar técnicamente por fugas ya sea en las líneas de conducción de aceites, drenajes y/o en los tanques de almacenamiento. Y en una instalación nueva —que costó 21 mil millones de dólares y que está lejos de lograr su nivel de operación plena— tales eventos sólo se podrían atribuir a corrupción e improvisación desde el diseño hasta la construcción que coordinó la exsecretaria de Energía, Rocío Nahle.
Si a ello se agrega las prisas de Andrés Manuel López para inaugurar esa refinería a la que consideró el eje de su proyecto de “soberanía energética”, la mezcla resultó trágica (ya murieron cinco personas), deriva en eventos ambientalmente perniciosos y conlleva riesgos de protección civil en la zona. Este columnista recurrió a expertos en ingeniería civil y química sobre la naturaleza de la situación que indican que el vehículo no se incendió por una explosión en los procesos de refinación, sino de un evento muy básico, pero igualmente grave.
La explicación técnica revela lo que siempre se supo: en un terreno bajo con un diseño de refinería para zona seca (era el diseño de lo que se intentó como nueva Refinería de Tula durante el gobierno de Felipe Calderón), las intensas lluvias en la zona desbordaron el drenaje de la refinería que se vio rebasado, “provocando el desbordamiento de aguas contaminadas con hidrocarburos (mezcla de agua pluvial y residuos aceitosos de proceso). Este flujo salió de la instalación y se acumuló en vialidades externas, formando una película inflamable en superficie”, comentan.
Y agregan “en ese contexto, un vehículo circuló por una de estas zonas inundadas; la combinación de hidrocarburos en superficie y una fuente de ignición (muy probablemente el propio vehículo: motor caliente, sistema eléctrico o incluso estática), detonó el incendio”.
Los expertos desglosan los aspectos técnicos y de seguridad que provocaron el evento y la contaminación del Río Seco: 1) Una falla clara de contención. Bajo ningún estándar de diseño u operación, los hidrocarburos deben salir de los límites de la instalación. Esto apunta a sistemas de drenaje aceitoso y/o separación (trampas API) rebasados o insuficientes; 2) Evidente deficiencia en la segregación de drenajes. En una refinería, el drenaje pluvial limpio no debe mezclarse con corrientes contaminadas, por lo que el arrastre de hidrocarburos por lluvia indica saturación del sistema o un diseño inadecuado; 3) El evento refleja un subdimensionamiento del sistema hidráulico frente a condiciones reales de sitio. Dos Bocas está en una zona de alta precipitación, por lo que el diseño debió contemplar tormentas severas y capacidad de almacenamiento temporal.
No es todo: 4) Falló la contención secundaria y control de derrames: diques, válvulas de aislamiento y sistemas de retención debieron evitar que el contaminante migrara fuera de la refinería. 5) Se observa una respuesta operativa insuficiente, pues no existió aislamiento oportuno del área ni control de accesos, permitiendo la circulación de vehículos en una zona con presencia de hidrocarburos. 6) Débil cultura de seguridad y gestión de riesgos. Estos escenarios están ampliamente documentados en la industria y forma parte de los análisis HAZOP (Hazard and Operability Study) y de integridad operativa.
Pero como es costumbre en la 4T, el primer chivo expiatorio fue la directora de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), Rebeca Sánchez —que no duró ni dos meses en el cargo—, removida el viernes y sustituida por Andrea González que rauda y presurosa ya pidió un “informe de causa raíz” a Pemex. Si, ajá, orita.
Y es que se nota que Leonardo Cornejo, supervisor de la construcción de Dos Bocas, no aprendió nada de un incendio similar que en 2017 hubo en la refinería de Salina Cruz.
Pero ¿tendrá la culpa Genaro García Luna?
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Y, bueno, ya hemos visto que sucede con la mayoría oficialista.