ACORDES INTERNACIONALES

Expediente Irán: Qalibaf, Pezeshkian y la salida posible

Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Tras los fuertes enfrentamientos del fin de semana y el aparente callejón sin salida del conflicto, Donald Trump anunció que logró puntos mayores de acuerdo con Irán; aseguró que Steve Witkoff y Jared Kushner hablaron con altos funcionarios y que ampliaría a cinco días el plazo para reabrir las operaciones en el estrecho de Ormuz.

De inmediato, Irán negó las declaraciones del presidente de Estados Unidos. El punto crucial no es el desmentido, sino que el régimen podría necesitar explorar una salida sin poder admitir -todavía- que la necesita.

Por eso importan el tono y el fondo de las declaraciones del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf. Descalificó la versión de Trump como una maniobra para manipular los mercados, pero remarcó la exigencia de un castigo completo para los traidores al régimen de los Ayatolás. Sus palabras no sólo buscaban desmentir a Washington, sino también fijar postura y marcar la línea de disciplina interna.

A pesar de las aparentes contradicciones, todo ello puede ser cierto a la vez: un canal indirecto o semicubierto y una negativa pública necesaria para contener costos políticos internos. Reuters informó, además, que Egipto, Pakistán y países del Golfo colaboran en el flujo de mensajes hacia funcionarios iraníes; de igual forma, el canciller Abbas Araqchi mantiene consultas con Omán.

En ese tablero aparece la sombra del presidente Masoud Pezeshkian quien conviene leer bien; es un moderado relativo, no un reformador capaz de rediseñar por sí mismo la línea estratégica del régimen. En 2024, Reuters lo describió como una figura con margen para modular el tono y la economía, pero no para mover por cuenta propia la política exterior o de seguridad, que siguen bajo control del líder supremo y de la Guardia Revolucionaria.

La guerra volvió todavía más visible esa limitación. A inicios de marzo, cuando intentó un gesto conciliador con los países del Golfo, recibió un golpe inmediato de los sectores duros y tuvo que retroceder parcialmente. Pezeshkian importa, sí; pero importa como amortiguador, no como dueño de la palanca.

Con las condiciones actuales, el interlocutor con más capital para Washington es Qalibaf, por su cercanía al aparato que realmente manda y por su capacidad para traducir presión externa en disciplina interna. Pero si hubiera una incursión terrestre, el valor de Pezeshkian subiría en la fase política.

Si Trump está negociando con alguien, no parece estar apostando por el rostro más amable del régimen, sino por el nodo que conecta aparato político, clero y seguridad. Y ese nodo, hasta hoy, se llama Qalibaf. Insisto: hasta hoy. El viernes, veremos.

Dato vs Ruido. Ruido: leer todos los movimientos de guerra de Trump en Irán como si sólo fueran una repetición del libreto venezolano. Esa comparación aplana el tablero y confunde teatros estratégicos distintos.

Dato: No es el mismo tablero, no es el mismo adversario y no es el mismo costo. Confundirlos no es análisis comparado; es pereza estratégica.

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