BAJO SOSPECHA

Petróleo derramado e impunidad total

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

A pocos días de las vacaciones de Semana Santa, las playas de Tabasco y Veracruz enfrentan un problema grave: contaminación por un derrame de petróleo.

Este derrame ocurrió en el Golfo de México, frente a las costas de Tabasco y el sur de Veracruz, particularmente en la zona de plataformas y ductos cercanos a Dos Bocas, en Paraíso, Tabasco.

El crudo se dispersó por las corrientes marinas y terminó llegando a playas de ambos estados, afectando varios tramos del litoral, especialmente áreas cercanas a Paraíso, Sánchez Magallanes y zonas costeras del sur de Veracruz.

Una empresa privada ya fue señalada y sancionada por su responsabilidad.

El derrame ocurrió a inicios de marzo de 2026, tras una fuga en ductos e instalaciones petroleras marinas. Se estima que se derramaron decenas de miles de litros de hidrocarburos, principalmente crudo y residuos aceitosos, que rápidamente se dispersaron por las corrientes.

Se han visto manchas negras por este combustible en toda esa zona. Hoy miles de habitantes están en riesgo.

Estar en un mar contaminado, especialmente por hidrocarburos, puede representar una amenaza importante para la salud. El contacto con el agua puede provocar irritación en la piel, alergias y ardor en los ojos.

Además, los vapores del petróleo pueden causar dolor de cabeza, mareo, náuseas e irritación en las vías respiratorias. Si se ingiere agua contaminada, puede haber problemas gastrointestinales. También existe riesgo al consumir mariscos o pescado de la zona, ya que pueden contener sustancias tóxicas acumuladas. En estas condiciones, no es seguro nadar ni consumir productos del mar.

FALTA TRANSPARENCIA

Aspecto del río Seco, en puerto La Ceiba, Tabasco, el 22 de marzo de 2026, donde Pemex avanza en la recuperación del crudo
Aspecto del río Seco, en puerto La Ceiba, Tabasco, el 22 de marzo de 2026, donde Pemex avanza en la recuperación del crudo ı Foto: Especial

Pero el impacto no es sólo para las personas. A nivel ambiental, un derrame de petróleo tiene efectos muy graves. El hidrocarburo forma una capa en la superficie que bloquea el paso de la luz y reduce el oxígeno en el agua, afectando la vida marina.

Peces, tortugas y aves quedan cubiertos de crudo, lo que puede provocarles la muerte. Además, se altera toda la cadena alimenticia, por lo que el daño no es sólo inmediato, sino que puede durar décadas.

Este derrame no es la única situación que ha contaminado esa zona del país. Y, como siempre, estas situaciones ocurren por negligencias.

Recordemos la explosión ocurrida en la refinería Olmeca de Paraíso, en Dos Bocas, Tabasco, que provocó la muerte de cinco personas, y un nuevo derrame en la misma refinería que ya tocó cuerpos de agua.

En total, en mes y medio, tres derrames de combustible han afectado las aguas de Tabasco y Veracruz, dejando pérdidas millonarias para quienes dependen de la pesca y del turismo en la zona.

En los tres casos, no existe ningún funcionario responsable, y los gobiernos de Tabasco, Veracruz y el federal niegan que se trate de descuidos o falta de mantenimiento en la infraestructura de Petróleos Mexicanos.

El derrame comenzó a mediados de febrero, y las declaraciones de las autoridades han sido muy escuetas. No se dijo de manera oficial ni cuándo empezó el derrame ni qué se estaba haciendo para contenerlo.

Una semana después, la denuncia llegó también desde las playas veracruzanas, en Carrizal, municipio de Catemaco, y en zonas del litoral de la Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas.

La mancha de crudo llegó, incluso, a la Laguna del Ostión, de la cual dependen varias comunidades pesqueras en Veracruz.

De acuerdo con monitoreos de los habitantes afectados, han encontrado muertas, al menos, siete tortugas marinas, dos delfines, dos manatíes y un pelícano.

Lo que se intentó minimizar como un incidente menor se convirtió, en cuestión de semanas, en una de las mayores afectaciones ambientales recientes en los litorales de Tabasco y Veracruz.

Hasta el momento, el reporte es de decenas de localidades afectadas en ambos estados, con una mancha de crudo que abarca cientos de kilómetros.

Pese a la gravedad del derrame, que ya genera pérdidas económicas entre pescadores y el sector turístico, las autoridades han optado por el silencio o por minimizar el problema. No hay responsables claros, pero sí consecuencias evidentes.

En medio de esta crisis, el pasado 17 de marzo se registró una explosión en la refinería Dos Bocas, el megaproyecto del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

Según Petróleos Mexicanos, la explosión habría ocurrido por acumulación de residuos de hidrocarburos derivados de lluvias e inundaciones. Sin embargo, otras versiones oficiales llegaron a hablar incluso de la caída de un rayo como causa del siniestro.

Más allá de las versiones contradictorias, lo cierto es que la información ha sido poco clara. Y eso es grave, porque cuando las autoridades no informan, la gente no puede tomar precauciones.

La explosión dejó cinco personas fallecidas. Y, a pesar de la magnitud del incidente, Pemex aseguró que no representaba riesgo para la población.

Sin embargo, habitantes de la zona reportaron nuevos derrames que ya estaban contaminando el agua en comunidades cercanas.

Este nuevo incidente en la Terminal Marítima de Dos Bocas afectó zonas costeras y ríos aledaños, incluyendo el río Seco, según reportes de pescadores.

Pemex ha informado que mantiene operativos de contención y limpieza, con embarcaciones y personal en la zona, pero no se ha hecho responsable de manera clara por los daños acumulados.

Por su parte, autoridades estatales también han minimizado la situación, mientras pescadores denuncian que no pueden trabajar ni vender productos contaminados.

La gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, también ha tratado de minimizar la gravedad del problema. Primero lo negó, luego señaló a un barco privado, después habló de una mancha menor e incluso de fenómenos naturales.

Otra vez se intenta desviar la atención y evitar asumir responsabilidades.

Mientras tanto, el daño ya está hecho. Las playas contaminadas, la fauna muerta, los pescadores sin ingresos y el turismo en riesgo, son la realidad que viven hoy Tabasco y Veracruz.

Y como siempre, las autoridades tratan de encontrar la narrativa que sea, con tal de no responsabilizarse. Algo que sería muy útil, por lo menos, para alertar a la población de los riesgos por esta situación.

El derrame ya está causando daño, pero lo más grave es la falta de responsables. Sin asumir responsabilidades, tampoco habrá soluciones.

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