BRÚJULA ECONÓMICA

Inflación repunta y complica a Banxico

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Arturo Vieyra*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

La inflación en México registró un repunte significativo al inicio de marzo, confirmando la persistencia de presiones inflacionarias en el corto plazo. El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) reportó un avance quincenal de 0.62% (1Q marzo vs. 2Q febrero), el mayor incremento desde julio de 2024. Más aún, al considerar únicamente las primeras quincenas de marzo, se trata del registro más elevado en casi tres décadas, lo que evidencia una aceleración inflacionaria relevante y aleja al indicador del rango objetivo del Banco de México (3.0% ± 1 punto porcentual).

En su comparación anual, la inflación general se ubicó en 4.63%, por encima del 4.13% observado en la quincena previa, y significativamente por arriba de las expectativas del consenso. Este resultado estuvo explicado, en gran medida, por el componente no subyacente, particularmente el rubro agropecuario, donde productos como jitomate, pollo y tomate verde concentraron cerca de la mitad del incremento del índice general.

Sin embargo, la dinámica inflacionaria trasciende los choques de naturaleza transitoria. La inflación subyacente —indicador más representativo de las presiones de mediano plazo— continúa mostrando rigidez a la baja. Si bien registró una ligera disminución a 4.46% anual desde 4.48%, no presenta una trayectoria consistente de desaceleración. Al interior, destaca la persistencia del componente de servicios, cuya inflación alcanzó 4.49% anual. En particular, los servicios asociados al turismo han sostenido incrementos elevados durante más de dos años, lo que refleja una inercia inflacionaria significativa en este segmento.

Por su parte, la inflación no subyacente mantiene una tendencia alcista, impulsada por el repunte en los precios agropecuarios, en un proceso que puede interpretarse como una reversión a la media tras un periodo prolongado de variaciones negativas. A este factor se suman presiones emergentes en el componente energético. Si bien los precios de las gasolinas han sido parcialmente contenidos mediante el esquema de estímulos fiscales al IEPS, comienzan a materializarse riesgos al alza en otros energéticos, particularmente en el gas LP y el gas natural.

En este contexto, el componente de energéticos ha comenzado a revertir su tendencia descendente, moderando su caída anual y rompiendo la trayectoria de desinflación observada desde octubre. Este cambio, a pesar de la contención en precios de combustibles automotrices, sugiere que los costos energéticos podrían consolidarse como una fuente adicional de presión inflacionaria, dada su incidencia transversal sobre los costos de producción, transporte y servicios.

Bajo este panorama, el balance de riesgos para la inflación se ha deteriorado y presenta un sesgo claramente al alza. En consecuencia, es previsible que las expectativas de inflación general para el cierre del año se ajusten por encima de 4.0%, reflejando la persistencia de factores tanto coyunturales como estructurales que dificultan la convergencia hacia la meta del banco central.

Este entorno tiene implicaciones directas para la conducción de la política monetaria. El Banco de México enfrenta un margen acotado para flexibilizar su postura, por lo que es probable que mantendrá la tasa de referencia en 7.00% en su próxima decisión. Asimismo, aumenta la probabilidad de que esta pausa se extienda durante buena parte del primer semestre, con un eventual ciclo de recortes más gradual y limitado en la segunda mitad del año, posiblemente acotado a uno o, a lo sumo, dos ajustes de 25 puntos base.

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