El futbol volvió al Azteca, pero el caos que siempre ha caracterizado al inmueble de Santa Úrsula cuando son partidos grandes, nunca se fue. Pasaron casi dos años desde que se cerraron las puertas para la remodelación y los avances son poco notorios para el público en general. Sobre la logística, mucho peor, nada de planeación y prevención. Y para colmo de males, un aficionado perdió la vida en las rampas de acceso al estadio previo al inicio del juego, hecho que no fue ignorado por los medios de comunicación que cubrieron el partido y que refleja lo caótico o surrealista que puede ser una visita al Estadio Banorte.
Porque en ese mismo sentido, los amontonamientos de miles de personas que intentaban cruzar los filtros para ingresar son banderas rojas que se deben evitar en el futuro. Más allá de que ingresen al estadio 20 o 30 minutos tarde, el riesgo de que algo pueda salir mal y las consecuencias sean graves es latente. Dicen que todos estos contratiempos y bochornosos incidentes, pusieron de malas a Emilio Azcárraga, quien seguramente, soñaba con una noche mágica. Ni hablar, las malditas prisas siempre son así, aquí lo importante es tomar nota y aprovechar las capacidades tecnológicas que hoy tenemos a la mano, para mejorar en todo lo que tuvo calificaciones reprobatorias.
Lo positivo en esta fiesta del futbol mexicano, vino dentro desde el terreno de juego, en lo meramente deportivo. Un primer tiempo bien jugado por parte del equipo mexicano y en donde se puede apreciar que el cuadro bajo lo tiene ya decidido Javier Aguirre. De mediocampo para arriba, la realidad no puede disfrazarse y aceptar que las lesiones de varios seleccionados comienzan a pesar desde hoy. Una lástima el gol errado por la Hormiga González, que le significaba su lugar en la lista final, pero esas oportunidades en un mundial son la diferencia entre avanzar o quedar eliminado. En actitud y entrega también nada que reprocharles a los mexicanos.

Que ahora sí va en serio
Mención aparte merece lo sucedido en las “pruebas mundialistas” que se vivieron en Monterrey y Guadalajara con los repechajes internacionales. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, aplaudió la experiencia tanto en el norte del país como en la capital tapatía. Entre ambos partidos se contabilizó una asistencia que ronda los 70 mil aficionados, todo un éxito si consideramos que los equipos involucrados son del número 100 para abajo del ranking FIFA.
Infantino agradeció a las sedes mexicanas por la recepción y terminó encantado por la conexión entre la afición y el espectáculo. Obviamente esa sonrisa también se debe a que finalmente él tenía razón, no importará el precio exorbitante de las entradas en los encuentros en tierra mexicana durante la Copa del Mundo, serán garantía de sold out. Mañana las finales de la repesca internacional también auguran lleno total y un ambiente que ahora sí, ya tiene sabor a Mundial. En Chicago, ciudad que aún no logro entender por qué no será sede en junio próximo, el Tri vivirá otra prueba durísima con Bélgica, que aplastó a Estados Unidos con manita incluida. Ya veremos si Javier Aguirre repite la base de Portugal o prefiere darle minutos a los que luchan por ganarse un lugar. Hoy faltan 72 días para el debut, experimentar o consolidar, ésa es la cuestión.

