GENTE COMO UNO

México y sus jóvenes exhaustos

Se estima que 7 de cada 10 jóvenes mexicanos trabajan en la informalidad y más del 50 % de ellos no tienen prestaciones ni seguridad social. De éstos, muchos siguen estudiando, lo que significa que estudian y trabajan en condiciones precarias y con un futuro laboral incierto.

Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: Imagen: La Razón de México

En esta temporada vacacional, en un país con tantos lugares turísticos como el nuestro, entre playas, zonas arqueológicas, pueblos mágicos y parques nacionales, hay una escena lastimosamente silenciosa que se replica en cada sitio, de forma tan natural que pocos la advierten y por ende, pocos trabajan para cambiarla. Este fin de semana miles de estudiantes están descansando y con mucha suerte disfrutando o planeando algún viaje, mientras otros millones se siguen levantando temprano a enfrentar jornadas dobles de trabajo.

En México hay una generación completa que no conoce el descanso como derecho, sino como un lujo que es para otros.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, a través de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil 2022, 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años realizan alguna actividad económica en el país.

Dentro de ese universo, el grupo de 15 a 17 años concentra más de un tercio, es decir, jóvenes que ya están en educación media superior o a punto de estarlo.

El principal motivo por el que los menores de 5 a 17 años trabajan, es para solventar sus estudios y/o otros gastos, y aquellos que consiguen escapar del abandono escolar, enfrentan jornadas dobles: clases por la mañana y empleos vespertinos, y no como algo excepcional, es su vida diaria y obligada.

Jóvenes en la Feria Regional del Empleo en Toluca, en septiembre pasado.
Jóvenes en la Feria Regional del Empleo en Toluca, en septiembre pasado. ı Foto: Especial

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, los jóvenes de 18 a 24 años presentan una de las tasas más altas de informalidad laboral en el país.

Se estima que 7 de cada 10 jóvenes mexicanos trabajan en la informalidad y más del 50 % de ellos no tienen prestaciones ni seguridad social. De éstos, muchos siguen estudiando, lo que significa que estudian y trabajan en condiciones precarias y con un futuro laboral incierto.

Las cifras en este sentido son inexactas, sobre todo en las zonas rurales o descentralizadas, porque el trabajo juvenil no siempre aparece en las estadísticas formales, porque se integra a dinámicas familiares como la agricultura, el comercio local o servicios turísticos temporales.

Durante los periodos vacacionales, las actividades ligadas al turismo se intensifican, por lo que para muchos jóvenes lo que debería ser un período de descanso, resulta una temporada de mayor demanda laboral y no tienen opción.

En estados con alta actividad turística como Quintana Roo, Oaxaca, Guerrero o Baja California Sur, las vacaciones representan importantes oportunidades de ingreso en trabajos temporales en restaurantes, hoteles, transporte o comercio informal.

No son empleos estables ni regulados, pero son necesarios para miles de jóvenes mexicanos.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, Coneval ha documentado que más del 36 % de la población total en México vive en condiciones de pobreza.

Esto explica la razón por la cual el ingreso adicional de un hijo o hija en edad escolar, puede hacer una diferencia en la economía de un hogar.

Programas sociales como Jóvenes Construyendo el Futuro buscan reducir esa presión, pero su cobertura no es universal y el mismo Coneval ha advertido que en zonas rurales, serranas o indígenas, el acceso es limitado ante la falta de internet y equipos de cómputo.

Entonces aquí ya no sólo estamos frente a un problema de economía, nos enfrentamos a otro de salud pública, donde desaparece algo tan elemental y necesario para la estabilidad física emocional, que es el descanso.

La falta de descanso en adolescentes y jóvenes se asocia en automático con altos niveles de estrés, abandono escolar y deterioro emocional.

Lo anterior suele tener además consecuencias tan riesgosas en la salud como la hipertensión, obesidad (México ocupa actualmente el octavo lugar mundial en obesidad infantil) y enfermedades del corazón (OMS).

¿Qué sociedad estamos construyendo con una parte importante de nuestra juventud en estas condiciones? Porque hablar de “jóvenes que no descansan” es una forma de desigualdad que pasa peligrosamente desapercibida.

¿Qué está haciendo realmente el Estado mexicano para evitar que su bono demográfico termine convertido en una generación agotada? Porque cuando una sociedad normaliza que sus jóvenes no descansen, empieza a normalizar su propio deterioro.

Porque el descanso no es sólo un derecho, es otro indicador de dignidad...

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