Los Pre-Criterios de Política Económica 2027 delinean un marco macroeconómico que, si bien es consistente en su estructura, incorpora supuestos relativamente optimistas frente a las expectativas del mercado. En particular, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público anticipa un crecimiento puntual del PIB de 2.0% para 2026, por encima del consenso de analistas (1.5%, encuesta de Banco de México). Para 2027, el pronóstico oficial se ubica en 2.4%, también por arriba de las expectativas del consenso.
En materia de inflación, Hacienda proyecta una tasa anual de 3.7% al cierre de 2026, un nivel inferior al previsto por el consenso, 4.2%. Este diferencial se refleja también en su expectativa de política monetaria. La dependencia anticipa dos recortes adicionales de 25 puntos base por parte de Banco de México en lo que resta del año, seguidos de una reducción acumulada de 75 puntos base en 2027. En contraste, el consenso prevé un margen mucho más acotado para la relajación monetaria, con un solo recorte en 2026 y una pausa posterior.
En cuanto al entorno externo, las proyecciones para Estados Unidos son relativamente consistentes con las previsiones de los analistas. Se espera una expansión económica sostenida y al menos un ajuste a la baja en la tasa de la Reserva Federal durante este año. Para 2026, Hacienda estima un nivel de 77 dólares por barril para la mezcla mexicana. No obstante, para 2027 la brecha se amplía significativamente hasta 55 dólares en el escenario oficial.
El sesgo optimista del marco macroeconómico introduce riesgos importantes para las finanzas públicas. Un menor dinamismo económico respecto al anticipado implicaría una recaudación tributaria inferior a la programada. Si bien precios más altos del petróleo podrían compensar parcialmente esta desviación, el efecto neto es incierto debido al impacto de los estímulos fiscales a los combustibles, particularmente en el IEPS. Asimismo, una trayectoria de tasas de interés más restrictiva elevaría el costo financiero de la deuda, presionando el gasto público. A esto se suma el riesgo de una menor depreciación del tipo de cambio, lo que podría limitar los ingresos por exportaciones.
En este contexto, la consolidación fiscal planteada por Hacienda descansa totalmente en el ajuste al gasto. Para 2026 se prevé una contracción de 3.2% en las erogaciones públicas, profundizada por un recorte adicional cercano a 100 mil millones de pesos respecto a lo previamente programado. Este ajuste se explica principalmente por menores transferencias destinadas a la amortización de la deuda de Pemex y por una reducción en el costo financiero. En contraste, el resto del gasto se mantiene prácticamente sin cambios.
La trayectoria del gasto como proporción del PIB es consistente con este esfuerzo de consolidación, al pasar de 27.2% en 2025 a 25.2% en 2027. Destaca, la moderación en el crecimiento de los programas prioritarios, que tras expandirse a tasas cercanas al 24% nominal anual en el último sexenio, apenas crecerían 4.0% en 2027, lo que implica un estancamiento en términos reales.
En suma, si bien los Pre-Criterios confirman un compromiso claro con la consolidación fiscal, que incluso, se acentúa la perspectiva, como porcentaje del PIB, el déficit amplio de 2026 se revisa de 4.3% aprobado a 4.1% y se proyecta una disminución adicional hasta 3.5% en el próximo año. No obstante, la deuda en 2026 alcanzaría 54.7% del PIB, cuatro décimas por arriba del presupuesto. Asimismo, el nivel de deuda en 2027 que se incrementará hasta de 55% del PIB.
Los principales riesgos se concentran en la evolución de los ingresos presupuestarios, especialmente los tributarios, en particular en la persistencia de presiones sobre el IEPS derivadas de elevados precios internacionales de los combustibles.
Bajo un escenario menos favorable —caracterizado por menor crecimiento, tasas de interés más altas y mayores estímulos fiscales—, es probable que las metas fiscales enfrenten desviaciones, lo que obligaría a ajustes adicionales para preservar la sostenibilidad de las finanzas públicas.