El Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte en su reciente informe que el conflicto militar en Medio Oriente iniciado representa un choque significativo para la economía global, al afectar simultáneamente los precios de las materias primas, las condiciones financieras y el comercio internacional.
Este entorno de elevada incertidumbre ha llevado al organismo a revisar a la baja sus proyecciones de crecimiento y a plantear distintos escenarios en función de la duración e intensidad del conflicto.
En su escenario base —que supone una resolución relativamente rápida hacia mediados de 2026— el crecimiento económico mundial se estima en 3.1%, lo que implica una reducción de 0.2 puntos porcentuales respecto a previsiones anteriores. Este ajuste contrasta con un escenario sin conflicto, en el que la economía global habría crecido alrededor de 3.4%, impulsada por factores como la inversión en nuevas tecnologías. No obstante, el FMI advierte que los riesgos están sesgados a la baja y contempla tres posibles trayectorias: un escenario “menos malo”, uno adverso y uno severo. En éstos últimos, el crecimiento podría descender hasta 2.5% o incluso 2.0%, acercando a la economía mundial a una recesión, especialmente si se intensifican las disrupciones energéticas en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz.
El conflicto impacta a la economía global a través de varios canales: (1) un aumento considerable en los precios del petróleo, el gas y los alimentos, derivado tanto de daños a la infraestructura como de la interrupción de rutas comerciales. Este encarecimiento ha reactivado presiones inflacionarias a nivel mundial; (2) el deterioro del entorno geopolítico ha generado episodios de aversión al riesgo, fortaleciendo al dólar y endureciendo las condiciones financieras, lo que afecta particularmente a las economías emergentes; y (3) las restricciones al comercio y al transporte en la región han intensificado las disrupciones en las cadenas de suministro.
El impacto del conflicto es heterogéneo entre regiones. Estados Unidos muestra una relativa resiliencia, con un crecimiento proyectado de 2.3%, apoyado en su papel como productor de energía. En contraste, la Unión Europea enfrenta una desaceleración, con una revisión de su crecimiento de 1.4% a 1.1%, debido a su mayor dependencia energética. Por su parte, India y China podrían verse severamente afectadas si se interrumpe el flujo energético a través del Golfo Pérsico.
Las regiones más vulnerables son Oriente Medio y norte de África, directamente afectadas por el conflicto, así como los países de bajos ingresos e importadores netos de materias primas. Éstos últimos enfrentan mayores dificultades para absorber el incremento en los precios de alimentos y energía, lo que agrava sus desequilibrios fiscales y externos.
Ante este panorama, el FMI recomienda una estrategia de política económica prudente. En el ámbito monetario, sugiere que los bancos centrales mantengan una comunicación clara sobre su disposición a actuar, evitando aumentos prematuros en las tasas de interés mientras las expectativas inflacionarias permanezcan ancladas. En política fiscal, reconoce que el elevado endeudamiento limita la capacidad de respuesta, por lo que desaconseja subsidios generalizados a la energía y propone medidas temporales y focalizadas para proteger a los sectores más vulnerables. Asimismo, enfatiza la necesidad de acelerar la transición hacia energías renovables para reducir la dependencia de combustibles fósiles.
En el caso de México, se prevé una recuperación moderada tras un débil desempeño en 2025. El crecimiento se proyecta en 1.6% para 2026 y 2.2% para 2027, en un contexto de baja inversión y con riesgos adicionales derivados de la revisión del T-MEC en julio de 2026, la cual podría generar incertidumbre en un entorno global ya complejo.