Las democracias no se sostienen por inercia ni por decreto. Funcionan a partir de una tríada fundamental: transparencia, libertad de expresión y trato igualitario. Estos principios no son consignas abstractas, sino condiciones mínimas para el ejercicio pleno de la ciudadanía. La transparencia supone el derecho de la sociedad a conocer el destino de los recursos públicos y los procesos de toma de decisiones.
La libertad de expresión no se limita a la existencia de medios de comunicación; implica la posibilidad real de manifestar ideas, críticas y desacuerdos sin temor a represalias. El trato igualitario se vincula de manera directa con el principio de no discriminación y acceso a todos los derechos, ya que en un régimen democrático no puede admitirse la existencia de ciudadanías jerarquizadas. En este marco, la democracia se consolida mediante un derecho esencial: la participación ciudadana.
México atraviesa hoy un deterioro en su vida democrática. Instituciones garantes de la transparencia han sido debilitadas, dejando este derecho sujeto a la discrecionalidad del poder. La libertad de expresión enfrenta una presión creciente. El ejercicio de la crítica ha sido respondido desde el poder con descalificaciones, exigencias de disculpas públicas y mecanismos que buscan inhibir la disidencia. A este escenario se suma un discurso político cada vez más polarizante, que divide a la sociedad entre un supuesto “pueblo bueno” y quienes, por disentir, se les señala como enemigos. Esta lógica empobrece el debate público y normaliza la estigmatización. Cuando pensar distinto se convierte en motivo de sospecha, la deliberación democrática se transforma en confrontación permanente.

Ley Anti-Mayer
Es en este contexto que emerge una propuesta discursiva alternativa, que se autodefine como democrática y republicana. Somos México, una fuerza política que, más allá de izquierda y derecha, plantea la recuperación de derechos fundamentales, se concibe como un espacio orientado por la búsqueda del bien común y por la convicción de que la pluralidad es un componente indispensable de la vida democrática.
Lejos de aspirar a ser “un partido más”, Somos México ha impulsado una apuesta diferenciadora con la conformación de un Consejo Ciudadano, permitiendo incorporar voces externas, someter el quehacer político a la crítica permanente y generar propuestas que eviten prácticas autorreferenciales, favoreciendo así un vínculo más estrecho con la ciudadanía.
Somos México ha cumplido con los requisitos del INE. Sin embargo, su avance ha estado acompañado de intentos de desinformación. Cuando una nueva opción política genera incomodidad, la respuesta democrática debería ser el debate, no el bloqueo. La democracia no se defiende silenciando voces, sino ampliando espacios. En tiempos en los que disentir parece haberse convertido en provocación, conviene recordar que la pluralidad no es una amenaza, sino el corazón mismo de la democracia.

