México vuelve a poner sobre la mesa el fracking, ahora bajo nuevos esquemas, pero con un riesgo claro: hacerlo con inversión pública implicaría destinar enormes recursos a una técnica costosa y altamente especializada. En contraste, abrir la puerta a la inversión privada podría reducir ese riesgo, aunque no garantiza viabilidad.
La Presidenta Claudia Sheinbaum anunció la creación de un comité técnico para analizar la viabilidad del fracking en México. Este grupo, dijo, buscará evaluar los costos, beneficios y posibles impactos de esta técnica de extracción de gas y petróleo, en medio de un debate que combina temas económicos, energéticos y ambientales. Sobre este debate, platicamos con David Shields, analista y periodista especializado en la industria energética en México, con más de 40 años de experiencia en el sector.
SOBERANÍA ENERGÉTICA
Bibiana Belsasso (BB): ¿Qué es el fracking y por qué es tan importante en la industria energética?
David Shields (DS): El fracking, o fractura hidráulica, es una técnica de extracción de petróleo y gas, que se conoce como producción no convencional. Se diferencia de los métodos tradicionales porque no se trata de perforar un pozo vertical sencillo, sino de perforaciones horizontales en las que los hidrocarburos están atrapados dentro de la roca. Para poder extraerlos, hay que fracturar esa roca mediante la inyección de agua, arena y químicos a alta presión. Es una tecnología compleja que requiere conocimientos muy específicos del subsuelo y una infraestructura altamente desarrollada.
BB: México tiene recursos en zonas como la Cuenca de Burgos, que comparte con Estados Unidos, donde sí se explota este tipo de gas. ¿Por qué México no lo hace?
DS: Ése es justamente el punto clave. No es que México no tenga los recursos, porque sí los tiene. El problema es que no tiene las condiciones para explotarlos de manera competitiva. EU ha desarrollado durante más de 30 años un ecosistema completo alrededor del fracking: conocimiento profundo del subsuelo, tecnología avanzada, infraestructura, empresas especializadas y experiencia acumulada. Todo eso ha implicado inversiones masivas durante décadas.
En México no existe ese ecosistema. Y no es algo que se pueda copiar o importar de un día para otro. El conocimiento del subsuelo, por ejemplo, es extremadamente caro y toma años desarrollarlo. Sin esa base, cualquier intento de hacer fracking aquí sería mucho más costoso.
BB: Entonces, ¿el problema no es técnico, sino económico?
DS: Exactamente. Y ése es el punto más importante de todos. EU produce gas a precios muy bajos, alrededor de 3 dólares por millón de Unidad Térmica Británica (BTU, por sus siglas en inglés). Ése es un precio prácticamente imposible de igualar en México en el corto o mediano plazo. Si México intentara producir gas mediante fracking, lo haría a un costo mucho mayor. Entonces la pregunta es muy simple: ¿tiene sentido producir gas caro cuando puedes comprarlo más barato del otro lado de la frontera? Desde el punto de vista económico, no tiene lógica.
BB: En la transición hacia energías menos contaminantes, el gas podría ser una opción importante. ¿No sería conveniente desarrollar fracking en México con esa visión?
DS: El gas ha sido considerado durante años como un combustible de transición, menos contaminante que otros hidrocarburos. Eso es cierto. Pero nuevamente, el factor determinante es el costo. Puedes tener la mejor intención ambiental o energética, pero si el producto que generas es cuatro veces más caro que el que puedes importar, simplemente no es viable. La economía siempre termina imponiéndose. Y, en este caso, EU tiene una ventaja estructural que México no puede replicar en el corto plazo.
BB: Entonces, aunque México tenga el recurso, no tiene las condiciones para explotarlo de manera rentable.
DS: Así es. México podría técnicamente hacer fracking, pero no de manera competitiva. Y eso cambia completamente el análisis. No se trata de si se puede o no, sino de si conviene hacerlo. Además, hay otro punto importante: en México no existe la infraestructura ni la red de servicios que requiere esta industria. En EU hay miles de empresas que participan en cada etapa del proceso: desde estudios geológicos hasta transporte, perforación, mantenimiento y logística. Es un sistema completo que aquí no existe.
BB: Se habla de la posibilidad de que empresas privadas extranjeras participen en estos proyectos. ¿Podría cambiar el escenario?
DS: En teoría podría ayudar, pero tampoco es garantía. Las empresas que dominan el fracking ya están operando en EU con condiciones óptimas: menor riesgo, menor costo y mayor rentabilidad. ¿Por qué vendrían a México a invertir más, asumir más riesgos y obtener menores márgenes? Para que eso ocurriera, México tendría que ofrecer condiciones muy atractivas, no sólo en términos económicos, sino regulatorios, técnicos y de infraestructura. Y hoy no las tiene.
BB: Entonces, ¿el debate sobre el fracking en México está mal planteado?
DS: Yo diría que sí, porque se está enfocando en si se debe o no hacer, cuando la verdadera pregunta es si es viable hacerlo. Y la respuesta, hoy por hoy, es que no lo es en términos económicos. Se habla mucho de soberanía energética, pero también implica tomar decisiones racionales. Si tienes acceso a un insumo esencial como el gas a bajo costo, lo lógico es aprovecharlo.
BB: ¿Y qué papel juega el gas en la economía mexicana?
DS: Es fundamental. El gas es clave para la generación eléctrica y para muchas industrias. Pero sin gas barato, la electricidad se encarece y eso impacta directamente en la competitividad del país. Por eso, México importa grandes volúmenes de gas de EU. Y, en realidad, es una ventaja tener acceso a ese recurso a bajo costo.
BB: En este comité técnico que anunció el Gobierno, ¿hay especialistas que estén evaluando si esto es viable económicamente?
DS: No. Y ése es precisamente uno de los problemas más graves. No hay un solo economista en ese comité. Y aquí el punto central no es político ni técnico, es económico. Cualquier economista serio que entienda el negocio te va a decir lo mismo: el fracking en México no es viable porque no puede competir en costos con el gas de Estados Unidos.
BB: Pero entonces, ¿no hay ninguna razón para apostar por el fracking en México?
DS: No en las condiciones actuales. México tiene otras áreas donde podría enfocarse para mejorar su sector energético: hacer más eficiente la exploración convencional, mejorar la operación de sus refinerías, establecer alianzas estratégicas con empresas internacionales, buscar esquemas más rentables. El fracking no es la solución inmediata para México. Es una industria compleja, costosa y altamente especializada. Pensar que puede desarrollarse rápidamente aquí es no entender la dimensión del reto.
BB: Entonces, ¿el principal problema es que se está ignorando el factor económico?
DS: El tema energético no puede analizarse sólo desde la ideología o la política. Tiene que verse desde la economía. Y cualquier economista serio te va a decir lo mismo: no tiene sentido producir algo más caro cuando puedes obtenerlo más barato.
BB: Con el estado actual de Pemex, ¿tiene la capacidad para entrar al fracking?
DS: No. Pemex es una empresa profundamente endeudada y con serios problemas operativos. Pero, además, en el tema específico del fracking, prácticamente no tiene experiencia útil. Es una industria altamente especializada y Pemex no sabe hacerlo. Pretender que sea el eje de ese desarrollo, es apostar por algo que no tiene ni la capacidad técnica ni la viabilidad financiera. El debate sobre el fracking en México no es ideológico, es económico. Sin tecnología, sin experiencia y con un Pemex debilitado, apostar recursos públicos a esta técnica sería un error costoso. La pregunta no es si se puede hacer, sino si tiene sentido hacerlo frente a un mercado más competitivo.