Entre el caos y la violencia que desató la guerra en Irán, hay una luz de esperanza en Líbano. Paradójicamente, el fracaso de Estados Unidos e Israel en Irán, y la urgencia de Donald Trump de detener la guerra para cortar sus pérdidas, han forzado la mano del primer ministro israelí.
Benjamin Netanyahu, bajo la presión de Trump, a quien le urge una victoria política, ha aceptado a regañadientes el inicio de un diálogo directo entre Israel y Líbano para discutir un acuerdo de paz que podría cambiar el destino de la región.
Para entender esta oportunidad histórica es necesario recordar la historia de Líbano en las últimas décadas. Paulatinamente, desde la década de 1980, Hezbolá, una organización paramilitar chiita que Irán creó para luchar contra Israel, fue acumulando cada vez más poder en el país. Primero, desplazó a otros grupos políticos y paramilitares de la minoría chiita; después, consolidó su brazo armado y se consagró como la principal fuerza política, con una base clientelar y sectaria fiel.
Tras la retirada de Israel del Líbano en 2000, Hezbolá se convirtió de facto en la autoridad dominante en todo el sur del país. Estas han sido décadas de violencia y crisis. Hezbolá no solamente ha arrastrado al país a guerras contra Israel, sino que también ha asesinado a rivales políticos, contribuyendo a un caos sectario persistente. Durante la guerra civil en Siria, además, intensificó el conflicto regional al actuar como el brazo armado del régimen de Assad.
El país, sumergido en la violencia durante décadas, está prácticamente en quiebra. Para los cristianos y los sunitas, la guerra entre Israel y Hezbolá se ha convertido en una oportunidad para debilitar seriamente a esta organización o incluso desmantelarla. Sin embargo, incluso dentro de la población chiita, hay sectores cansados de la violencia que Hezbolá ha llevado a sus hogares. Cientos de miles se han convertido en refugiados dentro de su propio país.
Meses antes de la guerra en Irán, surgió una primera gran oportunidad. Tras la eliminación de gran parte del liderazgo de Hezbolá por parte de Israel, su repliegue hacia el norte y la destrucción de buena parte de su capacidad militar, el gobierno libanés y el israelí firmaron un acuerdo en el que Líbano se comprometía a desarmar a Hezbolá y a desplegar el ejército libanés en la frontera sur con Israel, recuperando así su soberanía. Sin embargo, este acuerdo tuvo poca visibilidad. A Netanyahu no le convenía impulsar su implementación ante su base política de derecha, y el gobierno libanés hizo poco o nada para desarmar efectivamente a Hezbolá.
Ahora se presenta una segunda oportunidad. Trump busca un acuerdo en Líbano que le permita mostrar algún logro tras los fracasos acumulados en Irán. Netanyahu, que depende del respaldo estadounidense, no ha tenido otra opción que aceptar la propuesta. Según declaraciones de Trump, en las próximas dos o tres semanas podría celebrarse una cumbre entre los mandatarios de Líbano e Israel para comenzar a negociar las fronteras definitivas entre ambos países.