Durante el primer trimestre del año, la economía mexicana mostró señales claras de enfriamiento. Un conjunto de indicadores de coyuntura apunta a un mal desempeño. La cuestión central es discernir si se trata de una desaceleración transitoria o, como sugieren algunos analistas, de un debilitamiento de carácter más estructural que implicaría un crecimiento inferior al consenso actual de 1.4% para el cierre del año.
En efecto, diversos indicadores han resultado decepcionantes. Por el lado de la oferta, la producción industrial registró un retroceso significativo durante el primer bimestre, particularmente en las manufacturas y, dentro de éstas, en el subsector de equipo de transporte. Éste último continúa resintiendo la caída de sus exportaciones desde el año pasado, en un contexto de reconfiguración global de la industria y de la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos.
Desde la perspectiva de la demanda agregada, la inversión mantiene una trayectoria contractiva. Destaca la persistente debilidad de la inversión pública, cuyo rezago ha tenido efectos de arrastre sobre la inversión privada. Éste constituye, probablemente, el principal factor de freno para el crecimiento en el corto plazo. Por su parte, el consumo, que hacia finales del año pasado había mostrado resiliencia, parece haber entrado en una fase de estancamiento. Indicadores como las ventas reportadas por la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales y las ventas de automóviles evidencian una desaceleración significativa.

Luisa lo piensa… pero poquito
En este contexto, la información disponible sugiere que la actividad económica pudo haber registrado una contracción trimestral en el primer trimestre del año. En términos anuales, el crecimiento del PIB se ubicaría alrededor de 1.0%, por debajo de la expectativa para el conjunto del año.
Para evaluar la naturaleza de esta desaceleración, es necesario analizar sus determinantes. En primer lugar, persiste un elevado nivel de incertidumbre en torno a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, lo que ha inhibido decisiones de inversión, especialmente en sectores como el automotriz y el siderúrgico, que enfrentan además presiones arancelarias. Es previsible que Estados Unidos adopte una postura más estricta en las negociaciones, incrementando los requisitos para la permanencia en el acuerdo.
Adicionalmente, la dinámica inflacionaria ha limitado la expansión del ingreso real. El repunte de los precios, particularmente en bienes básicos, ha erosionado el poder adquisitivo de los hogares y ha propiciado una recomposición del gasto hacia bienes esenciales, en detrimento del consumo de bienes duraderos. A ello se suma un subejercicio del gasto público durante el primer bimestre, que ha restado impulso a la actividad económica.
No obstante, el balance no es completamente negativo. Recientemente, la posición relativa de México en la revisión del T-MEC parece haberse fortalecido, en parte como consecuencia del conflicto geopolítico en Medio Oriente. Asimismo, las exportaciones manufactureras no automotrices mantienen un desempeño sólido, mientras que los sectores orientados al mercado interno continúan creciendo a un ritmo moderado pero estable.
Por otro lado, el crédito al consumo sigue expandiéndose en términos reales y la confianza del consumidor se mantiene en niveles elevados. Aunque el crecimiento del salario real ha moderado su ritmo ante el reciente repunte inflacionario, se prevé que permanezca en terreno positivo en los próximos meses. Además, el aumento de la inflación asociado a los precios agropecuarios parece responder a un choque transitorio, susceptible de revertirse hacia adelante. En el ámbito fiscal, es probable que el subejercicio del gasto se corrija en los próximos meses, lo que podría traducirse en un mayor impulso tanto a la inversión pública como a la privada, si bien en este último caso persisten elementos de incertidumbre.
En suma, pese al débil inicio de año, existen fundamentos para anticipar una recuperación gradual de la actividad económica en los próximos trimestres, en línea —aunque con riesgos a la baja—, con las expectativas del consenso de analistas.

