En noviembre de 2022 se celebraron varios eventos académicos para conmemorar el centenario del nacimiento de Luis Villoro. Uno de ellos fue organizado por el Instituto de Investigaciones Filosóficas, en el que Villoro laboró desde 1971 hasta su muerte en 2024. Otro fue realizado en El Colegio Nacional, del cual Luis Villoro fue miembro vitalicio a partir de 1978.
Los trabajos leídos en ambos encuentros fueron recogidos por Aurelia Valero en un volumen de reciente aparición que lleva el título de Herencias y rupturas. Aproximaciones a la vida y la obra de Luis Villoro a cien años de su nacimiento. El libro es una coedición de El Colegio Nacional y la UNAM e incluye 23 escritos del mismo número de autores. Los temas que se abordan en esta antología cubren toda la extensión del vasto pensamiento de Luis Villoro: desde la epistemología hasta la filosofía política, pasando por la filosofía de la religión y la filosofía de la historia. El volumen, hermosamente editado, nos ofrece lo que podríamos considerar el state of the art de los estudios sobre Luis Villoro.
Aprovecho la ocasión para anunciar la inminente publicación en la editorial Bonilla y Artigas de otra antología sobre la filosofía de Luis Villoro, editada por Omar Mayorga y por quien esto escribe y que llevará el título de Luis Villoro ante la crítica. Este volumen recoge los artículos que aparecieron en un número especial de la revista poblana Tla-Melaua sobre Luis Villoro en ocasión del centenario de su nacimiento.

› Nueva velocidad en la SRE
La suma de estos dos libros sobre Luis Villoro nos da una idea de la vigencia de su pensamiento en la filosofía de nuestros días. No sólo en la filosofía mexicana, sino también en la de otras partes del mundo, particularmente en los Estados Unidos, en donde muy pronto aparecerá un libro de Carlos Montemayor, filósofo mexicano que trabaja en San Francisco, con el título de Knowledge and Freedom in the Philosophy of Luis Villoro, publicado por la editorial Bloomsbury Academic. El libro de Montemayor es el primer estudio sistemático sobre la filosofía de Villoro en ese idioma y estoy seguro de que ayudará mucho a la difusión de su pensamiento a nivel global. En este año también aparecerá una extensa compilación de sus escritos políticos en la prensa, con el sello del Fondo de Cultura Económica.
¿Podría decirse, entonces, que estamos viviendo un “momento de Luis Villoro”?
Me siento inclinado a responder afirmativamente a esa pregunta, pero yo preferiría que en vez de hablar de un “momento” —que se entiende como una fase pasajera, casi como una moda— habláramos de un legado sólido y perdurable.
En la introducción a Herencias y rupturas Aurelia Valero hace una pregunta semejante respecto a la herencia intelectual que nos dejó Luis Villoro. Lo primero que podría decirse es que el filósofo mexicano dejó una herencia muy generosa que puede ser aprovechada casi por cualquiera. Su legado puede ser adoptado por filósofos de casi cualquier orientación: analíticos, marxistas, fenomenólogos, liberacionistas, multiculturalistas o, mejor dicho, por todos aquéllos que ahora hacen filosofía a partir de esas corrientes del siglo pasado, por lo que quizá sería más acertado hablar de postanalíticos, postmarxistas, postliberacionistas y postmulticulturalistas.
Hay una lectura de Luis Villoro para cada tendencia de la filosofía actual. Me consta. En los últimos años he ofrecido cursos a nivel licenciatura y posgrado sobre la obra de Luis Villoro (mi antología La razón disruptiva, publicada por Random House en 2023 me ha servido como libro de texto). He podido constatar en los salones de clase cómo las ideas de Villoro siguen teniendo resonancia entre los más jóvenes del gremio. La filosofía de Luis Villoro es una filosofía viva, vigorosamente viva, y creo que eso nos permite declararla ya como clásica.
Haríamos mal en desaprovechar o dilapidar la herencia intelectual que nos dejó Luis Villoro. Estoy convencido de que una oportunidad como ésta no la tendremos otra vez en mucho tiempo. La construcción de la filosofía mexicana debe tomar la obra de Luis Villoro como una de sus columnas más firmes. Es más, yo diría que esa herencia intelectual bien podría ser la columna vertebral de nuestra filosofía de mañana, es decir, de la que pensamos y escribimos desde el día de hoy.

