Francisco Pimentel, Conde de Heras y Soto, publicó en 1864 el libro Memoria sobre las causas que han originado la situación actual de la raza indígena de México y medios de remediarla. Que yo sepa, no existe una reimpresión contemporánea. Para leerlo, es preciso tener el original en las manos o buscarlo en Internet. Esta obra, dedicada al emperador Maximiliano, fue una de las examinadas por Luis Villoro en su estudio Los grandes momentos del indigenismo en México.
Este fin de semana leí por curiosidad el opúsculo de Pimentel y encontré ahí un argumento muy peculiar —por no decir, chocante— en favor del mestizaje.
Pimentel hace una historia de los pueblos indígenas antes de la Conquista y luego hace un recuento de todos los males que padecen desde entonces. Una solución que contempla el autor es que, para sacar a los indios de la condición en la que se encuentran, habría que remediar las causas que los han llevado a ella. En otras palabras, habría que sacarlos de la esclavitud, de la ignorancia, de la pobreza en la que se encuentran. Pimentel afirma que eso es casi imposible. Solucionar esos problemas, afirma el autor, tomaría muchas generaciones y, además, generaría otros problemas no menos graves a nivel nacional. Sin embargo, lo que le resulta más preocupante a Pimentel no es tanto que ese proyecto pudiera fracasar, sino que resultara exitoso.

Y ni cuentas tiene ahí
Lo cito: “Ilustrado el indio, pero desenvolviéndose en él un talento maligno, su civilización traería males y no bienes. En la tribuna de las cámaras, en las reuniones populares hemos ya oído a los indios ilustrados vociferar contra los blancos, hemos visto a menudo, algunos abogados de color excitar a los naturales contra los propietarios, decirles que ellos son los dueños del terreno, que le recobren por la fuerza”. Por esas razones, afirma Pimentel, Lucas Alamán le había dicho en una plática “que sería peligroso poner a los indios en estado de entender los periódicos”.
Pimentel entonces se plantea un dilema fatal: ¿qué hacer con los indios? Acaso la solución es, lo vuelvo a citar: “¿que degollemos a los indios como la han hecho los norteamericanos?”. La solución propuesta por Pimentel es menos violenta. A los indios no hay que matarlos, hay que mezclarlos con inmigrantes europeos para que en cuestión de algunas generaciones dejen de existir. México ya no sería entonces un país dividido por dos razas en conflicto, sino que estaría conformado por una sola raza, la del mestizo mexicano, que tiene muchas virtudes: es fuerte, trabajador, valiente y sabe mirar de frente. Este proyecto, afirmaba Pimentel, requería de la pronta y abundante inmigración europea para que la mezcla racial tuviera su efecto silencioso, pero perdurable. La salvación del indio, en resumen, era que dejara de serlo, es decir, que se convirtiera en mestizo.

