BAJO SOSPECHA

Los 200 hipopótamos de Escobar

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

El narcotraficante Pablo Escobar construyó un zoológico con animales exóticos a finales de los años 70 y principios de los 80. Era la famosa Hacienda Nápoles.

En aquella época, Escobar dirigía una enorme red de contrabando y corrupción que le permitía transportar animales exóticos casi sin controles. Importó jirafas, elefantes, cebras, rinocerontes, avestruces, búfalos y toda clase de felinos para crear uno de los zoológicos privados más grandes del mundo.

Él quería construir una especie de “parque safari” privado, inspirado en zoológicos africanos y parques temáticos internacionales. Por ello, muchos animales eran adquiridos mediante traficantes internacionales de fauna exótica, usando rutas similares a las del contrabando de droga.

El zoológico no solamente le servía como diversión, también se decía que algunos animales eran utilizados para desaparecer los cuerpos de los adversarios del narcotraficante. En esos años, cientos de personas desaparecieron en Colombia.

DESTINO INCIERTO

HIPOPÓTAMOS de Pablo Escobar, que enfrentan la incertidumbre de ser trasladados al santuario de Vantara en India, ser esterilizados o se les aplique la eutanasia, en imagen de archivo ı Foto: Especial

Así comienza la historia que les voy a contar. Entre los animales que llegaron al zoológico estaban cuatro hipopótamos: tres hembras y un macho. Se dice que fueron capturados en África y, posteriormente, vendidos mediante contactos en Europa y Estados Unidos.

El traslado de los hipopótamos fue un enorme desafío logístico. Llegaron en avión a Colombia y después fueron llevados a la Hacienda Nápoles. Tuvieron que sedarlos para soportar el trayecto y, por supuesto, contaban con permisos apócrifos para ingresar al país.

En 1993, los hipopótamos ya se habían reproducido, aunque todavía no representaban un problema mayor. Todo cambió cuando murió Pablo Escobar. La Hacienda Nápoles quedó prácticamente abandonada y comenzó una larga disputa legal y política sobre qué hacer con ella.

Muchos animales fueron reubicados en zoológicos colombianos e internacionales y en organizaciones de protección animal. Los tigres y otros grandes depredadores fueron retirados rápidamente porque representaban un enorme peligro y podían ser trasladados con mayor facilidad. Pero nadie quiso hacerse cargo de los hipopótamos.

Y esos mamíferos se quedaron en las tres mil hectáreas de la hacienda reproduciéndose sin control, muchos lograron escapar de las instalaciones y ése ha sido el principal riesgo, no solamente ecológico, sino para la población.

Cuando un animal es extraído de su hábitat natural e introducido en otro ecosistema, las consecuencias pueden ser devastadoras para la fauna, la flora y el equilibrio ambiental del lugar donde es liberado.

Los hipopótamos son originarios de África y evolucionaron bajo condiciones muy específicas. En distintas regiones africanas enfrentan largos periodos de sequía, escasez de agua, cambios extremos de temperatura y competencia constante con otras especies por territorio y alimento. Además, aunque son animales enormes y agresivos, sus crías sí tienen depredadores naturales como cocodrilos, hienas y leones, que atacan a los ejemplares más vulnerables.

Cuando fueron llevados a Colombia, todas esas barreras desaparecieron. Encontraron un clima tropical húmedo ideal, ríos y lagunas abundantes durante todo el año, alimento suficiente y ausencia total de depredadores naturales. Eso provocó que comenzaran a reproducirse a una velocidad extraordinaria.

El problema de introducir una especie exótica no sólo afecta al animal trasladado. También altera todo el ecosistema receptor. Los hipopótamos modifican ríos, contaminan el agua con sus desechos, desplazan especies locales, destruyen vegetación y generan cambios en el comportamiento de otros animales. Además, representan un riesgo para las comunidades humanas por su enorme agresividad territorial.

Lo que comenzó como el capricho extravagante de un narcotraficante, terminó convirtiéndose en uno de los mayores problemas ambientales de Colombia y en un ejemplo mundial de que, alterar artificialmente la naturaleza, puede tener consecuencias impredecibles y difíciles de revertir.

Los hipopótamos descendientes de los animales introducidos por Pablo Escobar en la Hacienda Nápoles se han convertido en una amenaza ambiental y humana en Colombia. La presencia de la especie afecta a especies nativas del río Magdalena, como manatíes, nutrias, peces y aves acuáticas, debido a que alteran el agua, destruyen la vegetación y desplazan a la fauna local.

Además, el hipopótamo es considerado uno de los animales más peligrosos del mundo. En África provoca cientos de muertes al año por su comportamiento extremadamente territorial y agresivo. Puede correr a gran velocidad, atacar embarcaciones y matar personas con facilidad. En Colombia ya se han registrado ataques y accidentes, lo que ha generado una enorme preocupación entre las comunidades cercanas y las autoridades.

Todos los hipopótamos actuales descienden de los primeros cuatro ejemplares llevados por Escobar. Hoy el verdadero peligro de estos casi 200 animales radica en que no tienen depredadores naturales y continúan reproduciéndose sin control.

Las autoridades colombianas llevan años buscando una salida al problema de sobrepoblación de esta especie. Primero intentaron esterilizarlos, pero el proceso es muy caro y peligroso: hay que ubicarlos, dormirlos con dardos, mover animales de hasta tres toneladas y realizar cirugías o aplicar anticonceptivos.

En 2023, el Ministerio de Ambiente calculó esterilizar unos 40 hipopótamos al año, con un costo cercano a 40 millones de pesos colombianos, unos 180 mil pesos mexicanos, por cada uno de los animales.

Pero eso tampoco resolvía el problema ambiental y de seguridad, porque, aun sin nuevas crías, seguirían existiendo decenas de hipopótamos en libertad.

También se propuso trasladarlos a otros países. Se habló de enviar al menos 70 hipopótamos a santuarios en India y México, usando contenedores especiales, camiones y aviones de carga. Sin embargo, el plan se complicó por costos, permisos, riesgos sanitarios y porque muchos países no quisieron recibirlos.

Otra opción fue el confinamiento, pero Colombia no tiene suficientes espacios adecuados para mantener de forma segura a tantos animales. Por eso, en 2026 el gobierno autorizó la eutanasia de alrededor de 80 ejemplares, con una inversión aproximada de 7.2 mil millones de pesos colombianos, casi dos millones de dólares estadounidenses.

La eutanasia sería aplicada por equipos veterinarios mediante sedación profunda y, posteriormente, medicamentos letales para evitar el sufrimiento de los animales.

Los ecologistas están divididos. Unos aseguran que matarlos es cruel, porque los animales no tienen la culpa. Otros científicos advierten que, si no se controla la población, podrían llegar a cientos o, incluso, mil ejemplares, afectando manatíes, tortugas de río, peces, humedales y comunidades humanas.

La nueva alternativa apareció con Anant Ambani, hijo del multimillonario indio Mukesh Ambani, quien ofreció recibir 80 hipopótamos en Vantara, un enorme santuario privado en India.

La intención no es liberarlos, sino mantenerlos confinados bajo vigilancia permanente, separar machos y hembras, aplicar esterilización y controlar su reproducción para evitar que se conviertan en otra especie invasora. Expertos consideran que Vantara sí tiene recursos económicos y tecnológicos para mantenerlos controlados.

El posible traslado de 80 hipopótamos desde Colombia hasta India se perfila como una de las operaciones de reubicación de fauna más complejas del mundo.

El proyecto implicaría recorrer 15 mil kilómetros en aviones especiales y tendría un costo cercano a los tres millones de dólares. Sin embargo, también enfrenta críticas ambientales, problemas legales internacionales y dudas sobre las condiciones reales en las que vivirían los animales en India.

Pero aun si el traslado se concreta, no todos se irían. Colombia tendría que quedarse con parte de la población, aproximadamente 120 hipopótamos, que tendrían que ser esterilizados, vigilados y contenidos para evitar que continúen expandiéndose por el río Magdalena.

Eso ocurre cuando una especie es sacada de su hábitat natural e introducida en otro ecosistema: altera el equilibrio ambiental, desplaza fauna local y puede convertirse en una amenaza para la naturaleza y para las personas.

Por lo pronto, y mientras se define qué sucederá con los 200 ejemplares, Colombia mantiene vigente el plan de eutanasia para parte de los hipopótamos, mientras se determina si el traslado a la India realmente puede realizarse.

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