VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

Elecciones en Israel

Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Parece insólito que el gobierno del 7 de octubre de 2023 —aquel bajo el cual ocurrió la mayor tragedia para el pueblo judío desde el Holocausto; aquel que ignoró las advertencias, desvió recursos desde la frontera con Gaza para proteger a colonos en Cisjordania y permitió la transferencia de millones de dólares a la organización terrorista Hamas; aquel que, casi tres años después, ha sido incapaz, a pesar de la brutalidad y de las victorias tácticas del ejército, de cerrar ninguno de los frentes en Gaza, Siria, Líbano o Irán— siga hoy en pie. Y, sin embargo, así es.

Aún más inverosímil resulta esta situación a la luz de la inestabilidad endémica del sistema político israelí, un sistema parlamentario en el que, hace tan solo cuatro años, el país acudió a cuatro elecciones en apenas dos años. Cabe preguntarse entonces: ¿qué es lo que permitió esta aberración? ¿Cómo es posible que el gobierno responsable de la matanza y el secuestro de cientos de sus ciudadanos haya podido sobrevivir hasta el último de sus días?

Paradójicamente, es precisamente su fracaso lo que explica su supervivencia. A sabiendas de que el público israelí les hará rendir cuentas, y ante encuestas que anticipan una pérdida significativa de escaños para la actual coalición, Netanyahu y la ultraderecha dejaron de lado sus desacuerdos y rivalidades con el objetivo único de permanecer en el poder el mayor tiempo posible. Tal vez, pensaban, el pueblo israelí olvidaría la masacre con el paso de los meses (no ha sucedido); o tal vez las facciones más radicales del gobierno lograrían impulsar leyes para manipular las elecciones; y, si no, al menos podrían prolongar los privilegios que otorga el poder.

Sin embargo, Israel es, a fin de cuentas, una democracia funcional y, después de cuatro años, quieran o no, estos políticos corruptos, radicales e ineficaces tendrán que volver a pedir el apoyo del pueblo: en septiembre u octubre de este año habrá elecciones. Todas las encuestas indican que será imposible para Netanyahu y sus aliados religiosos y supremacistas formar una coalición.

El problema es que, para que la oposición logre la victoria, no sólo es necesaria una alianza entre la derecha liberal, el centro y la izquierda —algo que ya ocurrió en el gobierno anterior y que los líderes opositores prometen repetir—, sino también la formación de una coalición con partidos árabes. Hoy en día, la oposición judía, según las encuestas, aunque cercana, aún no alcanza los votos necesarios para formar un gobierno por sí sola.

Netanyahu ha construido su carrera política sobre el rechazo a los ciudadanos árabes de Israel y ya prepara una campaña para desacreditar un posible pacto histórico que podría cambiar el rumbo del país. El centro político, temeroso de la derecha, ha declarado que no habrá acuerdo con los partidos árabes. Y así, una vez más, Israel podría verse sumido, en medio de la guerra, en una nueva crisis de inestabilidad política.

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