Qué desastre el discurso que dio Mario Delgado, quien se supone que es el secretario de Educación Pública, para justificar el cierre de las escuelas antes de lo que estaba estipulado en el calendario oficial de la Secretaría de Educación Pública (SEP), y lo justifica diciendo que realmente ese último mes de clases los estudiantes ya no aprenden nada.
“Hay una inercia en las escuelas, en todo el sistema educativo. Después del 15 de junio se cae en un periodo que en realidad se aprovecha para la descarga administrativa. Hasta mediados de julio se mantienen las aulas abiertas, realmente sin un propósito pedagógico. Sólo por cumplir un conteo se desvirtúa la dignidad docente y se convierte la escuela en una estancia forzada”.
DISCURSO INÉDITO
¿Y por qué no aprovechan ese tiempo para enseñarles a los niños y niñas todo el aprendizaje que no han logrado por la pandemia, por los paros educativos, por darles unos libros de texto que son una basura y que no le dan prioridad ni a la lectoescritura ni a las matemáticas, que son fundamentales para poder desarrollarse en la vida, pero sí los adoctrinan en esos textos para que se sientan oprimidos y generen un resentimiento que los estudiantes mexicanos no tienen por qué tener?
Continúa Delgado: “Ese tiempo muerto a veces es burocracia que roba espacio a la convivencia familiar y a la salud mental de nuestra niñez”.
Que Mario Delgado se informe. En un mundo ideal, sí, la convivencia familiar aporta mucho a la salud mental, pero en nuestro país primero no va a haber esa convivencia familiar porque los padres de familia tienen que trabajar para darle de comer a sus hijos. Y luego hay un problema grave: muchas veces los niños y niñas están más inseguros en sus hogares, que es donde deberían de estarlo, que en la escuela.
México, de acuerdo con datos citados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, ocupa el primer lugar mundial en abuso sexual infantil entre los países miembros de la organización. Diversas instituciones y organismos mexicanos también han señalado que el país encabeza los índices de violencia física, abuso sexual y homicidios contra menores de 14 años dentro de la OCDE.
Hasta hace unos años, justo antes de 2018, había escuelas de tiempo completo donde los menores de edad recibían desayuno y comida y estaban en un lugar seguro, aprendiendo y haciendo deporte. Hoy, la 4T les quitó esa posibilidad a los niños y niñas, al igual que las estancias infantiles.
Y nuevamente, en un muy desafortunado comentario de Delgado, dijo: “Al cerrar la escuela, la carga del cuidado recae mayoritariamente en las mujeres. El sistema económico actual es insensible, obliga a las familias a buscar dónde dejar a sus hijos para poder trabajar. Es injusto que las empresas pretendan que el aula resuelva su falta de flexibilidad laboral”.
Y el discurso de Mario Delgado continuó: “La escuela es un territorio de aprendizaje, no un lugar de resguardo de niñas y niños por conveniencia del mercado”.
Hazme el favor, ahora es culpa de las empresas y de quienes generan el trabajo, y el Estado no tiene responsabilidad alguna del resguardo de los menores.
El Estado tiene una responsabilidad absoluta en la protección de la niñez. No se trata solamente de garantizar educación o salud; su obligación es proteger la vida, la integridad física, emocional y el desarrollo de niñas, niños y adolescentes.
La Convención sobre los Derechos del Niño establece claramente que los menores deben crecer en un entorno seguro, protegidos de toda forma de violencia física o mental. Eso obliga a las autoridades a actuar con rapidez, sensibilidad y eficacia.
Pero en países como México, donde miles de niños viven violencia intrafamiliar, abuso sexual, reclutamiento criminal o desapariciones, la deuda institucional es enorme. La niñez no puede defenderse sola. Por eso el Estado tiene la obligación moral y legal de convertirse en su principal protector. Y, por supuesto, además está obligado a brindarles una educación de buen nivel.
Evidentemente, los niños y niñas de México le valen al gobierno de este país.
Se ha dicho que se cancelan las clases para que no haya tráfico durante el Mundial de futbol, pero hay otra razón todavía más poderosa, y es que no quieren que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, conocida como la CNTE, haga manifestaciones. Y a ellos Mario sí les dedicó unas palabras de “empatía”, y con estas palabras lo dijo: “Sin duda para el magisterio el descanso es un derecho laboral y una necesidad pedagógica. La estabilidad emocional del docente es la base de la calidad educativa”.
¿Y a la estabilidad emocional de los niños y niñas mexicanos qué prioridad se le da? Muchos niños en México no van a la escuela: los niños que son desplazados por el crimen organizado, o los que tuvieron que, a partir de la pandemia, incorporarse al mercado laboral y dejaron sus estudios y nunca más regresaron; tampoco asisten a clases los estudiantes cuyos maestros, particularmente de la CNTE, hacen bloqueos y manifestaciones para buscar beneficios propios sin importarles dejar a los niños y niñas sin clases.
La deserción escolar ha tenido un aumento, según datos de la propia SEP.
Y si los datos de la SEP te dicen que hay deserción escolar, los datos reales superan por mucho los números oficiales. Y es que una cosa es que los estudiantes estén matriculados y otra es que acudan a sus clases. La discrepancia entre la matrícula y la asistencia efectiva oculta un problema estructural que no está siendo atendido.
En numerosos hogares, los padres mantienen la inscripción escolar para recibir becas o apoyos económicos, pero los menores no están acudiendo a la escuela.
La triste realidad es que en México hay por lo menos 6.4 millones de niños fuera del sistema educativo.
México es el tercer país peor evaluado de la OCDE en matemáticas y comprensión lectora, y el país con el peor puntaje en ciencia.
Si los estudiantes mexicanos tienen estas carencias, ¿por qué no aprovechar el último mes de clases para que aprendan y no, como dice el secretario de Educación, asumir que ese mes ya no se hace nada?
Hoy, la OCDE coloca a México entre los países con mayor rezago educativo y la brecha de desigualdad es cada día mayor. Por ejemplo, en entidades como Chiapas y Oaxaca, sólo una de cada cuatro escuelas tiene acceso a Internet. En cambio, en estados industrializados, como Nuevo León o la Ciudad de México, la conectividad es prácticamente universal.
Este gobierno está destruyendo la educación de los niños y niñas, y cuando vemos que les quieren quitar un mes de clases por el Mundial y, sobre todo, para que la CNTE no haga disturbios, es inaceptable.
