PUNTO CIEGO

Isabel Díaz Ayuso y los tapetes azules

Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

En el siglo XIX un grupo de conservadores mexicanos, después de que perdieron fuerza frente al proyecto liberal de Benito Juárez, decidieron que la solución para recuperar el poder perdido no estaba en territorio mexicano, sino en el continente europeo. En lugar de construir una alternativa que pudiera convencer, fueron a buscar respaldo político y militar, fue así como terminaron promoviendo la llegada de Maximiliano de Habsburgo, apoyado por Napoleón III y por las tropas francesas.

Esos conservadores no se presentaban como enemigos de México; al contrario, decían querer salvarlo del desorden y la inestabilidad. Sin embargo, abrieron la puerta a una intervención extranjera y se arrodillaron ante una corona europea, intentando ganar lo que no podían hacer por cuenta propia.

Algo muy similar fue lo que demostraron en días pasados los disidentes, derechosos y panistas con la visita de Isabel Díaz Ayuso a México, donde decidieron recibirla como si estuvieran frente a una especie de autoridad moral de la derecha internacional, sin entender, o entendiendo perfectamente, que el mensaje que estaban mandando era mucho más grave que un simple retrato. Ayuso no vino a México sólo a hablar de inversión, turismo o cooperación entre regiones. Vino a recalcar la idea de la hispanidad que en nuestro país tiene una carga histórica que no se puede ignorar, también vino a participar en actos relacionados con Hernán Cortés, a defender una lectura cómoda de la Conquista y a repetir esa narrativa donde España aparece como quien nos civilizó y a México como una especie de heredero agradecido que debería dejar de cuestionar el pasado. Eso puede sonar muy bien en su tierra, pero en nuestro México se entiende distinto y duele.

Aunque se defiendan e intenten imponer ángulos de apreciación, la realidad es que los gobiernos panistas se pusieron de tapete. En Aguascalientes, Ayuso recibió las llaves de la ciudad, también se reunió con gobernadores panistas, quienes intentaron presentar el encuentro como un espacio de colaboración, inversión, turismo y desarrollo. Muy bonito todo, hasta que te pones a revisar el contexto y entiendes que eso no fue sólo una reunión de trabajo, sino todo un mensaje político, torpe, pero mensaje. Y es que el problema no es que los panistas se reunieran con Isabel, el problema es que decidieron elevarla en el momento en que venía de una polémica por un homenaje a Hernán Cortés en la Ciudad de México, hasta la Presidenta Claudia Sheinbaum calificó el evento como una ridiculez, y lo hizo con razón, porque no se trataba de un debate académico, se trataba de una provocación política.

La verdad es que la derecha mexicana lleva años buscando validación afuera porque no ha logrado conectar adentro, y ahora creen que importando símbolos de la derecha española van a recuperar autoridad en nuestro país. Qué pena verlos ensalzar a una política que, nada más salió del país, y lo primero que hizo fue hablar mal de México. Eso es lo que deberían explicar en lugar de defenderla pensando que con eso golpean a la Presidenta Claudia; sin embargo, insultan a todo un pueblo. No entienden, o no quieren entender, que México no necesita que una política madrileña venga a explicarnos nuestra historia, y tampoco entienden que a los mexicanos les duele esa parte de la historia.

Lo que pasó con Isabel Díaz Ayuso deja muy claro que la derecha mexicana no sólo está derrotada electoralmente, también parece que está perdida, porque en vez de construir una alternativa seria y responsable, decide abrazar figuras extranjeras que vienen a ofendernos.

Tal como pasó con aquellos conservadores que hoy se les recuerda como entreguistas, así recordaremos a éstos que se pusieron de tapete con tal de golpetear al Gobierno, olvidando que el más agraviado es el grueso de los mexicanos… porque si, al grueso de la gente le duele cómo trataron a sus antepasados, y si no me creen pregunten en las comunidades de Oaxaca, Guerrero, Veracruz, etcétera.

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“No reconozco fuente de poder más pura que la opinión pública”

- Benito Pablo Juárez García

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