Delcy Rodríguez ha encabezado un gobierno en Venezuela que ha descontinuado elementos sustantivos del chavismo y el madurismo. El sustrato material del proyecto bolivariano fue siempre el control de los ingresos petroleros y su puesta en función de los programas sociales domésticos y la creación de una plataforma geopolítica resistente a Estados Unidos.
Cuatro focos fundamentales de dicha plataforma geopolítica siempre fueron Cuba y el Caribe, a través de Petrocaribe y la ALBA, el Medio Oriente, con Irán a la cabeza, Rusia y China. En los últimos años, especialmente en la época de Nicolás Maduro, dos líneas estructurales importantes del proyecto venezolano fueron la colaboración militar con Rusia y la venta de petróleo venezolano a China.
Luego de la operación militar de Estados Unidos en Caracas, el arresto de Maduro y, sobre todo, tras la Orden Ejecutiva del 29 de enero de 2026, el sustento energético de Venezuela a Cuba y la Alianza Bolivariana llegó a su fin. Bruscamente, la venta de combustible a China también disminuyó y Beijing anunció que comenzaría a comprar petróleo directamente a Estados Unidos. De la alianza militar entre Venezuela y Rusia apenas se habla.
Al gobierno de Rodríguez le ha costado trabajo proyectar una imagen de continuidad ante su base ideológica en la izquierda bolivariana latinoamericana. En medios de esa izquierda, no faltan las acusaciones de traición al gobierno que encabeza Rodríguez.
Sin embargo, a pesar de las constantes señales de subordinación que lanza el gobierno de Donald Trump, a Caracas le interesa mantener su ascendencia sobre las izquierdas regionales.
Uno de los temas que sigue movilizando el gobierno de Rodríguez y que alientan a esas bases es la defensa de Maduro en Brooklyn. A fines de abril la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), en Estados Unidos, anunció que permitiría que el gobierno venezolano corriera con los gastos de la defensa judicial de Maduro en Nueva York. La noticia permitió a Rodríguez exhibir lealtad a su antiguo jefe.
Ahora Rodríguez viaja a Europa, inicialmente a asistir a una de las audiencias de la Corte Penal Internacional en La Haya, en las que se dirime la disputa territorial por el Esequibo con Guyana. En vez de persistir en las amenazas de anexión y concentración de efectivos militares en la frontera con Guyana, el gobierno de Rodríguez ha recurrido a la vía del derecho internacional, asistiendo a una cita de la CPI en los Países Bajos.
Además de acentuar ese cambio de tono, en el ejercicio diplomático, la presidenta Rodríguez busca reforzar su legitimidad internacional, frente a demandas de una transición democrática, que también ha suscrito el foro progresista de Barcelona hace unas semanas. Desde La Haya, Rodríguez lanza mensajes a Bruselas, frente a las sanciones de la Unión Europea, pero también a Madrid, con el fin de que se dé su visita a España, para asistir a la próxima Cumbre Iberoamericana.
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