En el Gobierno y en Morena tienden a usar conceptos contundentes para reafirmar su fuerza, razones y lo que llaman “verdad”.
Asumen que son ellos quienes tienen la razón y son quienes determinan quiénes son los “buenos” y quiénes “los malos”, son “el pueblo”. La maniquea división lleva a colocar a los ciudadanos bajo premisas de confrontación, las cuales, en momentos en donde los escenarios son delicados se convierten en la definición de las cosas.
Esa “verdad” se ha convertido en una mirada universal de las cosas. Es un concepto único y contundente. En Morena prevalecen diversas corrientes como se sabe. En las últimas semanas han avanzado los que se conocen como “duros”. Han prevalecido de manera hegemónica quienes son los fundadores del movimiento, son quienes tienen posiciones críticas y en muchos casos radicales.
La Presidenta ha tratado de sortear las cosas. No es fácil porque ella, de alguna manera, está en el terreno de los duros como se ha podido ver en diferentes lances. Como fuere, no le queda de otra que lidiar con todas las tendencias. La narrativa presidencial va de la mano de la crítica hacia la oposición y del abierto desprecio a lo que definen, dentro de Morena y del Gobierno, como “derecha”.
No tienen interés en dialogar porque asumen que tienen la razón y porque ven en la oposición una mirada que no les merece la más mínima atención. Acusan invariablemente “campañas de odio”, pero no se puede pasar por alto que llevamos más de siete años con un discurso crítico de los que piensan diferente, lo que ha llevado a crear un ambiente de confrontación que se puede apreciar hasta en las calles.
No ha sido sólo eso. A los medios tradicionales los han colocado como una oposición más, han estado en la mira durante años. Recordemos que son la “punta de lanza” de lo que López Obrador definió como “la mafia del poder”.
De manera paralela han “surgido” dentro de la mañanera planteamientos de personajes emergentes quienes tienen una abierta empatía con la 4T. Plantean asuntos en los que la Presidenta, y en su tiempo el expresidente, despliegan una serie de críticas, al tiempo que son reconocidos por el “poder” por sus participaciones.
El oficialismo y la oposición hablan sistemáticamente de campañas de “odio”. Se la pasan lanzándose culpas, lo que termina por provocar que permeen las distancias y las confrontaciones entre los ciudadanos, lo cual no permite avance alguno para un mínimo de cohesión, tan necesario en un momento como el que está viviendo el país en su relación con EU.
La sociedad ha venido caminando en medio de la sordera. A pesar de que el Gobierno tiene la mayoría, difícilmente escucha a quienes piensan diferente. Las cosas han llegado a tal grado que acabó confrontado con sus propios aliados, entre otros temas por la reforma electoral y el Plan B.
La oposición sigue sin pies y cabeza. Sigue a la deriva esperando que en algún momento se equivoque el Gobierno o su partido para lanzar críticas. Las equivocaciones han sido muchas, pero ni así ha logrado meterse en el radar colectivo y poder constituirse en una opción ante la abrumadora mayoría.
Las cosas no van a cambiar. No existe un ánimo para ello, porque el menosprecio que tiene la mayoría por la oposición lleva a que casi por sistema la tenga echa a un lado y aislada. Lo que ha pasado en Sinaloa y Chihuahua ha agudizado aún más las claras diferencias.
El discurso contra Trump es una extensión del discurso contra la oposición y contra quienes piensan diferente, los ven como iguales. Lo que viene no será muy diferente. La oposición no se ayuda y seguirá a la deriva, y estaremos atenidos a lo que puede provocar Trump. Sus dardos van fundamentalmente, que no sólo, contra el Gobierno y su partido.
RESQUICIOS.
Algún día conoceremos el video del enfrentamiento que provocó la muerte de El Mencho. No hemos visto nada de no ser el ostentoso servicio funerario. Con El Payín estuvimos en primera fila gracias a un video viral.
Bombas… de humo
