Maru Campos, la gobernadora de Chihuahua, es una política que se curtió en terrenos difíciles. Es una luchadora por convicción y circunstancia.
Como candidata al gobierno en 2021, no sólo enfrentó a Morena, el partido en ascenso y con el poder político federal, sino al propio mandatario estatal, Javier Corral, quien no la quería en la boleta e hizo todo lo posible para descarrilar su proyecto.
Corral, por aquellos días, era todavía panista, y ahora es senador morenista.

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Ahora, Campos está lidiando con una crisis de altas proporciones. La revelación de que agentes de la CIA estuvieron presentes en el decomiso de uno de los laboratorios de drogas sintéticas más grandes en tiempos recientes, propició que se desataran presiones en su contra y una indagatoria de la FGR que están perfilado como de “violación a la seguridad nacional”.
Es importante establecer con claridad lo que ocurrió en la Sierra Tarahumara respecto a la presencia y grado de actividades de extranjeros, pero también hay que ponderar lo que sí sabemos: se trató de una exitosa operación policial y ministerial contra el crimen organizado. Esto no hay que perderlo de vista, porque sería injusto.
A estas alturas, y eso es fundamental, no existe indicio alguno de que la gobernadora estuviera enterada del desarrollo del operativo, y mucho menos de los detalles más específicos, ya que ésa no es su tarea, sino la de órganos especializados, como la propia Fiscalía y la Agencia Estatal de Investigación.
Al mismo tiempo, hay un interés político evidente en descarrilar al PAN o influir en la elección del 2027. Morena ya apresta las movilizaciones en defensa de la soberanía nacional y no oculta que el objetivo de sus arengas y críticas será la gobernadora chihuahuense.
Tiempos interesantes y sobre todo en una región de alta politización, con una sociedad civil actuante y donde se construyeron cimientos que después engarzarían en la construcción de la democracia.
Conviene tener presente que Campos es gobernadora, porque supo generar confianza, sedujo a los indecisos y planteó con claridad el dilema de la elección.
Logró, casi al filo de las urnas, un acuerdo con el PRI, que propició que se vislumbrara con claridad el voto útil, y esto fue posible porque activó esos sentimientos que se tienen en Chihuahua, un espacio de prosperidad.
Desde esas tierras inició un largo peregrinar de personajes como Luis H. Álvarez, Francisco Barrio y Antonio Becerra Gaytán, comprometidos, de derecha a izquierda, con el cambio y la transición democrática.
Campos sorteará lo coyuntura, porque le asiste la razón, pero también por el apoyo social con que cuentan quienes se comprometieron, desde hace décadas, en construir un sistema de libertades y de respeto a la legalidad.
Nadie conoce el futuro, pero analizando el pasado podemos prever que, en su esfera política, lo que ocurre y ocurrirá en Chihuahua, puede ser, de nueva cuenta, sorprendente. Los broncos del norte, nada menos.

Como sea, atenidos a Trump

