(Parte de la conferencia inaugural de la Feria del Libro en Chicago, que impartí en el Instituto Cervantes de esa ciudad, el 7 de mayo pasado).
Las culturas antiguas formularon leyendas de cohesión: el águila parada sobre un nopal devorando una serpiente simboliza el origen de Tenochtitlán.
En contextos de intemperie extrema, la cultura resguarda el pasado colectivo y propone narrativas frescas en libros, música, cine, fotografía (por ejemplo, la imagen ganadora del World Press Photo 2026 aborda el drama provocado por ICE). Es decir, cuando fuerzas externas nos separan, volvemos a unirnos en torno al arte, a historias que dicen: “Eres parte de algo mayor. Perteneces”.

• Atiende reclamos
Esto se refleja en las letras actuales, como todo lo importante que nos sucede. En ejemplar físico, ebook o audiolibro, autoras y autores escriben hoy en español en Estados Unidos y transparentan cómo el presente reta nuestra lengua. Mientras Valeria Luiselli ha tocado la migración infantil, Liliana Colanzi y Edmundo Paz Soldán apuestan por descentrar lo humano y mirar la naturaleza no en rol de proveedora, sino como nuestra esencia. Cristina Rivera Garza denuncia el feminicidio de su hermana, en tanto Alaíde Ventura y Silvia Aguilar Zéleny exploran identidades alternativas, y Giovanna Rivero propone el terror para enfrentar miedos sin nombre. También están las autoras de Nadie es ilegal. Mexicanas en Chicago, coedición de UNAM Chicago (bajo el liderazgo notable de Guillermo Pulido) y la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura de la UNAM, con doce voces que cuentan su experiencia migrante: Claudia Castillo, Gabriela Lavalle, Susana Salgado, María de la Luz Márquez, Heather Ana Hathaway, Rocío Edith Santos, Carolina A. Herrera, Edna Jackeline Vázquez, Lucía Mier y Terán, Adriana Peguero, Juana Santiago y María Trinidad González. Además está Maya Piña, editora, gestora: desde hace ocho años subraya el valor del español a través de esta Feria del Libro en Chicago.
Por otro lado, la poesía es territorio para indagar género, raza y clase en Miguel Marzana, J. D. Pluecker, Roque Raquel Salas, Arturo Dávila. Arriesgo una idea: la experiencia de migrar y la de leer un poema se parecen. Ambas rozan el tuétano humano, moldeado por deslumbre, miedo, solidaridad, dolor, resiliencia. Además, para el sistema productivo, las personas en movilidad y los versos habitan la periferia. Sólo interesan como fuerza laboral explotable o si aportan una voz prestigiada para la investidura presidencial (Maya Angelou, Amanda Gorman). El sistema ignora que ambas vivencias subvierten el valor de producción, llevan del yo al nosotros. Cuánto necesitamos validarlas. Abrazarlas.
En todo esto resalta la literatura como pegamento capaz de dar consistencia individual, social. Leer nos redime si resulta “el hacha que rompe el mar helado dentro de nosotros”, como dijo Franz Kafka. Leer, facultad exclusivamente humana, aporta calor en colectivo, recuerda el ayer, desmenuza el hoy y apunta al mañana. Construye la paz. Por eso aplaudo la vitalidad de las letras en español en Estados Unidos, en este 2026.

No es una entrega cualquiera

