¡JUEGUE!

La calle y el futbol es de tod@s

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

No será la primera ni la última que pendan amenazas de boicot o intimidación en un Mundial.

Es la posibilidad de hacerse ver cuando los gobiernos desatienden las demandas ciudadanas. A menudo se cuelan los oportunismos, pero no se pueden soslayar las demandas de sociedades que a menudo se encuentran contra la pared.

Previo al Mundial del 86 recordemos que mucha gente se manifestó en las calles en demanda de vivienda y recuperación de lo que quedaba de ellas por el temblor del 19 de septiembre del 85. Negar que se hicieron esfuerzos de enorme relevancia no tiene sentido, pero también recordemos que mucha gente se quedó sin nada junto con la dolorosa pérdida de familiares y amigos.

El programa de Renovación Habitacional fue impresionante. Se construyeron cerca de 40,000 viviendas, el total de las que en aquellos años tenía Hong Kong.

La gente se expresó en las calles. No había manera de celebrar absolutamente nada, porque mucha gente vivía materialmente en la calle y tiendas de campaña. Sin embargo, las cosas se atenuaron momentáneamente durante el Mundial, sobre todo en la capital. Había que lidiar con la terca realidad, viendo pasar la fiesta.

Mucha gente afectada por los sismos se sumó al jolgorio en las principales arterias de la ciudad, particularmente en el Ángel de la Independencia y en Reforma. Fue un momento, aunque sea un momento, el que llevó a mucha gente a pensar en otras cosas, aunque en la noche tuvieran que volver a su terca, dolorosa y triste realidad.

Argentina, desde años atrás del Mundial del 78, vivía bajo la represión. La dictadura atacó de manera salvaje a los opositores. Los detuvo, los asesinó y se metió a las casas de quienes estaban en contra de la brutal violencia de la dictadura y todo lo que la rodeaba.

El Mundial en Argentina fue una fiesta singular. Fue un punto del encuentro de los argentinos en las calles y los estadios. Es un país en el que el futbol auténticamente se trae en la sangre, es una forma de vida y una pasión que fuera del país es difícil de entender. Como fuera, el futbol los unió, pero era imposible soslayar la represión y violencia que, incluso en esos días, no dejó de manifestarse brutalmente. Hasta para los más detractores de la dictadura, ante cada partido de “su equipo” se daba un momento en que todo se podía olvidar, o momentáneamente pasar a segundo plano.

Recordamos estos dos mundiales porque además de celebrarse en América Latina han dejado un recuerdo. Paralelo al juego las sociedades se manifestaron a través del futbol, aprovechando su descomunal difusión.

Se ha anunciado en nuestro país, a través de diferentes organizaciones sociales, la intención de boicotear el Mundial y se ha acuñado la frase de “no rodará el balón”. El Gobierno, como ha sido su constante, ha minimizado y ha planteado que no hay necesidad de que maestros, transportistas, campesinos, colectivos de madres buscadoras y estudiantes del IPN tienen por qué manifestarse.

El Gobierno dice que hay diálogo como si esta instancia fuera la solución del problema. A los maestros de la Coordinadora se les dijo desde hace años que iba a cambiar la contratación, la jubilación y un conjunto de demandas desde los tiempos de López Obrador. La Presidenta les aseguró, en sus tiempos de campaña, que también lo haría.

La demanda era de suyo difícil de resolver, porque para hacerlo se tiene que invertir una gran cantidad de recursos, que es precisamente lo que no tiene el Gobierno, entre otras cosas. La SEP anda revuelta entre fallidos cambios de calendario con un titular observado.

No le pidamos a los grupos demandantes que no salgan a la calle, no hay manera de hacerlo por más que se insista que no salgamos para que los turistas puedan, hágame el favor, caminar libremente por nuestras calles; fue y es una declaración profundamente desafortunada.

No está claro lo que pueda pasar, pero lo que sí es muy claro es que, con Mundial o sin él, la calle y el futbol es de tod@s.

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