LA MALETA DEL CINE

Diez relatos de la experiencia humana

Javier Solórzano Casarín │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

Krzysztof Kieślowski (Varsovia, 1941) fue un cineasta que transformó la manera en la que vemos y en la que vivimos el cine. Sus películas, a lo largo de veinte años de carrera fusionaron una profunda inteligencia emocional con una expresión poética y filosófica sobre los rasgos más complejos del ser humano.

El propio Stanley Kubrick comentó sobre su laureada serie de largometrajes titulada El decálogo (1989-1990): “(Estas películas) …son realizadas con tal maestría que nunca te esperas sus ideas y no te das cuenta hasta mucho más tarde de lo profundamente que te han llegado al corazón”.

La obra de Kieślowski dejó una huella indeleble en la historia contemporánea del cine, la cual ha influenciado a directores de todo el mundo y de todas las generaciones.

La creación de Polonia como tal fue identificada con la adopción del catolicismo en el 966. El reino de Polonia fue formado en 1205 y en 1569 se construyó la Mancomunidad Polaco-Lituania. En 1795 colapsó la Mancomunidad y el país se repartió entre Prusia, Rusia y Austria. En 1945, después de la caída de Alemania se convirtió en un estado de Rusia. En 1989, después de la caída del muro de Berlín, adoptaron una nueva constitución y se convirtieron por vez primera en una democracia.

La historia sociopolítica de Polonia ha sido caracterizada por una interminable lucha de clases, un comunismo bárbaro que la sofocó por décadas, invasión tras invasión de las potencias europeas, pero también de la mano de una tradición artística formidable.

Kieślowski, como los grandes cineastas de su tiempo, supo abstraer esta vivencia colectiva, los conflictos y los temperamentos existenciales de los ciudadanos polacos, en la realidad y en la imaginación, para plasmarlos con una brillante destreza audiovisual. En el contexto abrumador de estos pasajes históricos, sus personajes y sus historias reflejan a una sociedad atrapada entre las luces y las sombras.

Uno de los obsequios a la humanidad, un milagro que realizó Kieślowski para la posteridad de la experiencia cinematográfica, fue precisamente El decálogo, una interpretación, ¿acaso reinterpretación?, de los Diez Mandamientos de Dios. Una serie de diez largometrajes donde cada uno aborda desde un enfoque filosófico, ético y espiritual sobre cada uno de los mandamientos.

Como todas las obras de Kieślowski, todos los elementos son inspiradores: la desgarradora música de Zbigniew Preisner, la fotografía íntima y provocadora, el prodigioso trabajo de todos los actores, pero no se puede elogiar suficiente la dirección y la labor del guion de Kieślowski (en coautoría con Krzysztof Piesiewicz), con el cual descubren una voz sin referente, traduciendo las ideas de los Mandamientos a las peripecias actuales del polaco común y corriente, y de paso ilustrando reflexiones extraordinarias sobre la fe, la muerte, el sexo, la envidia, el deseo, la pérdida, la ciencia, el aborto, la lucha entre el pasado y el presente, la maternidad, la guerra, entre muchos otras.

El torrente de pensamientos y emociones humanas es un espectáculo minúsculo y al mismo tiempo abismal. Está disponible esta semana en la Cineteca Nacional.

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