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Décima celeste

Daniel Alonso<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>&nbsp;<br>
Daniel Alonso*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

Hay heridas que nunca se borran, que son eternas, pero con el paso del tiempo se les puede mirar con otra perspectiva. Antes de los festejos, abrazos y lágrimas de felicidad de jugadores y cuerpo técnico de Cruz Azul, antes de levantar al cielo el décimo título, hubo fracasos y derrotas muy dolorosas en instancias finales que estarán siempre en el alma de la afición celeste. No existe lo dulce sin lo amargo y por esas facturas, tan grandes que carga una de las instituciones más importantes en nuestro futbol, esta copa tuvo un sabor muy especial, con un marco de un estadio que lució pletórico y que hoy ya es recinto sagrado para Cruz Azul.

Y si alguien lo personifica a la perfección el camino del dolor que marca la derrota, es el héroe de la “Noche en CU”, es Rodolfo Rotondi que hace algunos ayeres, y un para de finales perdidas ante el América, fue señalado por muchos como el culpable de aquellas tragedias. Hoy Rotondi se volvió inmortal en los libros de historia de Cruz Azul, devolvió las alegrías que ahogó con penas máximas. El gol de último minuto par dar el triunfo de una final en estadio visitante, ante otro rival importante, estoy seguro de que Rotondi no borraría el pasado, por difícil que sea éste, si eso significa nunca marcar este gol.

El otro nombre que también ya ocupa un lugar en el corazón celeste es de Joel Huiqui, que en esa misma cancha perdió una final como jugador y hoy celebra poder darle un título a su amado Cruz Azul en la faceta de entrenador. Es claro que Huiqui redondeó el trabajo de Anselmi (sé que varios no quieren leer este nombre) y el de Nicolás Larcamón, pero tuvo un mérito enorme para manejar el grupo en un momento bastante crítico, además de soportar la presión que el mismo Víctor Velázquez, presidente del club, le aventó a unas horas de iniciar la final: ganas te quedas, pierdes te vas. Ahora el técnico campeón tendrá una enorme labor para confirmar que no fue sólo casualidad lo ocurrido en la Liguilla.

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La euforia de los más de 55 mil aficionados reunidos en Ciudad Universitaria fue para un puñado que hoy celebra con merecimiento el título número 10 en la historia del equipo, un final de película, pero que ahora el llanto no es de tristeza sino de alegría máxima, en una maravillosa tarde al sur de la Ciudad de México, en lo que fue su casa durante seis meses, el tercer capítulo de las finales entre Cruz Azul y Pumas, es para los de la cementera. Felicidades a toda su gente que ha sabido sufrir, aguantar y esperar paciente mejores tiempos.

La historia siempre recuerda a los ganadores, es una máxima del deporte, pero vale la pena abrir un paréntesis para Pumas, con su regreso a estas instancias se nota la falta que le hizo al futbol mexicano. Fue el equipo de la Liguilla, por el dramatismo, por las polémicas, por el esfuerzo notable de sus jugadores ante la falta de suplentes.

El camino es éste, que la directiva lo tenga claro, es mucho más fácil construir un proyecto sólido cuando las bases lucen bien. El primer paso es cerrar filas entre la gente de pantalón largo con el cuerpo técnico, no más fisuras. El segundo, y muy importante, recuperar la Cantera, es el momento de darle cabida a los jóvenes con este buen grupo que no debería desmantelarse. Perder una final siempre es doloroso, pero rendirse lo es más.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón

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