VIÑETAS LATINOAMERICANAS

Tomar en serio la Doctrina Donroe

Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Cuando alguien expone las premisas centrales de la nueva estrategia de seguridad hemisférica de Estados Unidos, y le llama por su nombre, Donroe Doctrine, se escuchan risas en el salón. La reacción responde a que no se toma en serio a Trump, ni a quienes lo acompañan en la reformulación de su agenda exterior, como Marco Rubio, Stephen Miller o J. D. Vance. Se parte de una imagen chusca de esos líderes y de su incapacidad para formular una doctrina de Estado, que logre reorientar la diplomacia estadounidense.

La subestimación carga con la enorme distancia que existe entre Trump y presidentes que hicieron la diferencia en la política exterior americana en momentos clave, como James Monroe y John Quincy Adams o Woodrow Wilson y Franklin Delano Roosevelt. Incluso aquéllos a los que más se parece Trump, como William McKinley o Teddy Roosevelt, quedan muy lejos del actual presidente republicano en la fundamentación doctrinal de sus políticas, por no hablar de su ejecutoria práctica.

Pero en la subestimación de Trump se pierde de vista algo central y es que el trumpismo reinventa impulsos elementales del imperialismo y el expansionismo estadounidense. Las dos campañas presidenciales de Trump han estado enfocadas en el efecto pernicioso de la inmigración latinoamericana y en la amenazante vecindad fronteriza de México para Estados Unidos. Esa animosidad remite directamente a un componente racista y xenófobo del conservadurismo estadounidense, que el trumpismo moviliza con mucha eficacia.

En la línea más militarista de esa tradición, el intervencionismo de Estados Unidos forma parte de un código genético, históricamente comprobable entre 1898, cuando se produjo la intervención en las últimas colonias españolas, y los años 1950 y 1960, cuando se dieron las hostilizaciones de los procesos revolucionarios de Guatemala y Cuba. El proyecto del Escudo de las Américas, lanzado hace unos meses en Miami, y que busca su consolidación con una llegada de Keiko Fujimori a la presidencia en Perú y una posible derrota o triunfo ajustado de Iván Cepeda en Colombia, puede experimentar en los próximos meses su realización definitiva.

Si los cálculos electorales de la Casa Blanca se cumplen, la mayoría de los gobiernos de la región acabarían inscritos en ese relanzamiento de la seguridad hemisférica. Ese giro incluiría una mayor agresividad contra el tráfico de drogas, contra la emigración irregular y contra el apoyo a organizaciones terroristas internacionales, entiéndase, programas de colaboración militar con Rusia, Irán, Corea del Norte y, en menor medida, China, que posee una agenda menos enfática en ese tema en América Latina y el Caribe.

La periodista del diario Le Monde en Francia, Angeline Montoya, ha concluido que, sea cual sea el éxito real de la nueva estrategia diplomática de Trump, lo cierto es que el giro defensivo de Washington entra de lleno en reordenamiento postliberal del mundo.

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