Dahomey (2024), de la talentosa directora Mati Diop, es una sugerente exploración artística como pocas veces hemos visto en el cine, sobre el legado histórico de un país a través de las voces de sus antepasados.
África es el continente donde la humanidad se originó. Los ancestros más primitivos del mundo surgieron y evolucionaron a lo largo del Gran Valle del Rift, una fisura geológica que atraviesa el Este del continente.
El territorio africano es vasto y deslumbrante, donde la cultura y las tradiciones son excepcionalmente diversas e inspiradoras. Ni se diga de la fauna y la flora, algunos de los ecosistemas y especies animales más espectaculares del planeta tierra.

Doble burla en Iguala
En África existe una historia musical inagotable, versátil y cargada de una fusión fascinante de estilos, instrumentaciones, costumbres, interpretaciones y prodigiosos talentos vocales. Grandes músicos como Ali Farka Touré, Salif Keita, Rokia Traoré y Youssou N’Dour han conquistado la pasión del público, no sólo en el territorio, sino en todo el mundo.
África es un referente en todos los sentidos por su innegable belleza y su multifacético acervo cultural.
En su documental Dahomey, Mati Diop (París, 1982) retrató un evento trascendental en la historia de Benín. El retorno de 26 tesoros del reino de Dahomey (actualmente Benín) desde un museo francés a su país de origen. La película documenta cómo se transportan los artefactos (fenomenales sin duda) desde Francia hasta la ciudad de Cotonou, en el Marina Palace. La crónica audiovisual del movimiento de estas piezas es casi tan obsesiva en su atención al detalle como la de los equipos de ambos museos (en Francia y en Benín), encargados de realizar el simbólico traslado. El acto en sí es cautivador, y Diop utiliza recursos tanto ficticios como documentales para contar la historia. Hay dos elementos que logran que la cinta alcance latitudes extraordinarias en su lenguaje cinematográfico.
Diop les da voces a las piezas artísticas de Dahomey por medio de una enigmática serie de voces en off. Así los artefactos hablan, comunicando sus pensamientos y sensaciones de aquel icónico retorno a su país natal.
El otro es la reacción visceral y franca de la gente de Benín, particularmente de los estudiantes, hombres y mujeres que a través de un foro en el museo vocalizan de manera muy elocuente la agridulce experiencia de volver a ver a los artefactos de Dahomey. Por un lado, la alegría y el orgullo de tenerlos de vuelta en su país, y por otro, la inconformidad y el enojo de que fueran arrebatados por los franceses hace más de un siglo. Se generan debates sumamente emocionantes sobre el rol de las colonias en África y el deseo de las nuevas generaciones por cambiar el legado de sus orígenes.
El documental es una experiencia inesperada y retadora, la cual nos transporta a inéditos lugares de la reflexión humana, donde se abre una puerta para invitar a la mayor ambición del arte: provocar un cuestionamiento sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea.
La producción se encuentra disponible en Netflix.

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