SERÉ BREVE

Si quieres paz, prepárate para la guerra

Emilio Vizarretea. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Este aforismo latino, Si vis pacem, para bellum, escrito en un tratado militar del siglo IV d.C, por Publio Flavio Vegecio Renato, señala que para evitar un conflicto y mantener la paz, la disuasión es una ruta estratégica y fundamental.

Considera que debe existir fuerza y preparación suficientes para la defensa y así, evitar ataques y conflictos. La expresión simboliza la relevancia de prever con fortaleza, preparación y recursos suficientes para enfrentar las dificultades por venir.

En el mundo actual, plagado de conflictos y guerras —Rusia contra Ucrania, Israel contra Hamas, EU contra Irán, Venezuela, Cuba y México, entre otros— el análisis estratégico de la guerra y la paz posee una dialéctica en donde los actores y factores sociales, económicos y políticos se entrelazan. Es una dinámica que altera estructuras, procesos y resultados, afecta la estabilidad existente y su impacto puede destruir.

La guerra es una fuerza permanente en la existencia humana, por distintas causas, desde la intención de apoderarse de territorios y recursos que son estratégicos o críticos para el desarrollo y seguridad del que pretende conquistar o dominar. Desde luego, varían los aspectos técnicos y científicos, pues el saber militar demanda conocimiento y experiencia. Comprender la naturaleza de la violencia entre los estados, es tarea fundamental para revalorar los sentimientos, creencias, formación, evolución, situación del desarrollo y seguridad en los ejércitos, en los pueblos, naciones, gobiernos y estados. Es la responsabilidad y talento de mujeres y hombres de Estado.

Carl von Clausewitz trascendió los círculos militares austriacos y compartió un legado fundamental de ideas sobre el arte de la guerra: la guerra es la continuación de la política por otros medios; es algo más que un camaleón. Sus metáforas favorecen la asimilación y extrapolación de conocimientos, con el juicio y toque militar a una cotidiana universalidad. Así, habla de la capacidad de adaptación camaleónica, los invisibles arrecifes, el teatro de operaciones, la supremacía como suma de fuerzas o la idea de la lámpara, que cuanto más disminuye el aceite en el recipiente y se aleje del centro de luz, tanto más pequeña se hará esa luz, hasta que se extinga. Así, orienta al especialista y guía al profano. Sus análisis y cálculos sobre la teoría de la guerra lo han incorporado al panteón de los grandes, donde están Sun Tzu, Maquiavelo, Liddell Hart y muchos más.

Ayer, como ahora, la guerra no es nunca un acto aislado, resulta de otras fuerzas que la afectan, es un conjunto de actos simultáneos y una sucesión violenta, que se interrumpe para el planeamiento, concentración de esfuerzos o para recuperar energías. Y volver a la batalla.

Cualquier tipo de guerra, militar o no, está determinada por la política, ésa es su naturaleza. El liderazgo político debe saber pensar, controlar y conducir la guerra. Atender la trilogía clausewitziana: violencia y pasión; incertidumbre, oportunidad y probabilidad. No se puede ir a la guerra si no hay visión sobre el alcance y límite de la violencia, el riesgo y la política.


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