Este aforismo latino, Si vis pacem, para bellum, escrito en un tratado militar del siglo IV d.C, por Publio Flavio Vegecio Renato, señala que para evitar un conflicto y mantener la paz, la disuasión es una ruta estratégica y fundamental.
Considera que debe existir fuerza y preparación suficientes para la defensa y así, evitar ataques y conflictos. La expresión simboliza la relevancia de prever con fortaleza, preparación y recursos suficientes para enfrentar las dificultades por venir.
En el mundo actual, plagado de conflictos y guerras —Rusia contra Ucrania, Israel contra Hamas, EU contra Irán, Venezuela, Cuba y México, entre otros— el análisis estratégico de la guerra y la paz posee una dialéctica en donde los actores y factores sociales, económicos y políticos se entrelazan. Es una dinámica que altera estructuras, procesos y resultados, afecta la estabilidad existente y su impacto puede destruir.
La guerra es una fuerza permanente en la existencia humana, por distintas causas, desde la intención de apoderarse de territorios y recursos que son estratégicos o críticos para el desarrollo y seguridad del que pretende conquistar o dominar. Desde luego, varían los aspectos técnicos y científicos, pues el saber militar demanda conocimiento y experiencia. Comprender la naturaleza de la violencia entre los estados, es tarea fundamental para revalorar los sentimientos, creencias, formación, evolución, situación del desarrollo y seguridad en los ejércitos, en los pueblos, naciones, gobiernos y estados. Es la responsabilidad y talento de mujeres y hombres de Estado.
Carl von Clausewitz trascendió los círculos militares austriacos y compartió un legado fundamental de ideas sobre el arte de la guerra: la guerra es la continuación de la política por otros medios; es algo más que un camaleón. Sus metáforas favorecen la asimilación y extrapolación de conocimientos, con el juicio y toque militar a una cotidiana universalidad. Así, habla de la capacidad de adaptación camaleónica, los invisibles arrecifes, el teatro de operaciones, la supremacía como suma de fuerzas o la idea de la lámpara, que cuanto más disminuye el aceite en el recipiente y se aleje del centro de luz, tanto más pequeña se hará esa luz, hasta que se extinga. Así, orienta al especialista y guía al profano. Sus análisis y cálculos sobre la teoría de la guerra lo han incorporado al panteón de los grandes, donde están Sun Tzu, Maquiavelo, Liddell Hart y muchos más.
Ayer, como ahora, la guerra no es nunca un acto aislado, resulta de otras fuerzas que la afectan, es un conjunto de actos simultáneos y una sucesión violenta, que se interrumpe para el planeamiento, concentración de esfuerzos o para recuperar energías. Y volver a la batalla.
Cualquier tipo de guerra, militar o no, está determinada por la política, ésa es su naturaleza. El liderazgo político debe saber pensar, controlar y conducir la guerra. Atender la trilogía clausewitziana: violencia y pasión; incertidumbre, oportunidad y probabilidad. No se puede ir a la guerra si no hay visión sobre el alcance y límite de la violencia, el riesgo y la política.
El discurso de dos años
