Cristian Mungiu (Iași, 1968) posee una de las visiones más incisivas del cine actual. Su talento, franqueza y temeridad representan un movimiento cinematográfico de Europa del Este, responsable de un estallido de reacciones, reflexiones y profundas discusiones por parte del público internacional.
En 2007, uno de los mejores años del cine en la memoria reciente, se estrenaron obras cumbre de cineastas como los hermanos Cohen, Paul Thomas Anderson, David Fincher, Ridley Scott, Andrew Dominik, David Cronenberg, Sidney Lumet, James Gray, Marjane Satrapi, Ken Loach, Tamara Jenkins, Susanne Bier y muchos otros; el director rumano Cristian Mungiu logró impactar al mundo con su desgarradora obra maestra, 4 meses, 3 semanas y 2 días.
Rumania se encuentra en Europa Oriental. En sus costas se encuentra el mar Negro. Es el octavo país por extensión en Europa y tiene la sexta mayor población del continente. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, el país se alineó militar y políticamente al Partido Nazi alemán, congregando con aquella ideología fascista por los próximos cuatro años.

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En el último año de la guerra, cambiaron de bando y se unieron a los aliados, bajo la contraofensiva soviética que ocupó la mayoría de su territorio. Durante el bloque soviético formó parte integral del ascenso comunista. No fue hasta 1989, con la caída del imperio ruso, que comenzó su transición hacia la democracia.
El filme 4 meses, 3 semanas y 2 días nos ubica en Bucarest en la década de los años 80, cuando el sanguinario régimen comunista de Nicolae Ceaușescu tenía un dominio absoluto sobre las y los rumanos en todos los aspectos de sus vidas. Por ejemplo, la anticoncepción era ilegal y el aborto era condenado con la pena de muerte.
Es en este insólito contexto en el que las dos protagonistas, Otilia y Gabita (Anamaria Marinca y Laura Vasiliu, brindando dos de las mejores actuaciones del año), se encuentran atrapadas. Gabita tiene un embarazo de casi cinco meses y no quiere tener al bebé. Le pide ayuda a su mejor amiga Otilia, la única persona en la que confía. Laura ha tomado su decisión, consciente de las consecuencias.
Otilia consigue el apoyo de un médico que lleva a cabo abortos. La operación se va a efectuar en la habitación de un hotel de la ciudad. Todo, sin excepción alguna, tiene que suceder de manera clandestina. Pero las cosas adquieren una nueva realidad oscura e inconcebible cuando el médico les pide algo a cambio por ayudarlas en este dilema aparentemente sin salida.
La cinta de Mungiu no ofrece respuestas fáciles, no da esperanzas falsas y no intenta ofrecer un porqué de las cosas, sencillamente retrata una realidad. Es como es.
Su dirección magistral, la impecable labor de los actores, el lenguaje de la cámara y el penetrante guion diseñan un mundo avasallador que somete a los personajes y los enclaustra en un espacio, literal y figurativamente, donde apenas pueden respirar.
Como público, sentimos exactamente lo mismo. Una de las mejores películas de los últimos 20 años.
Está disponible en YouTube.

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