CIVITAS

Frontera de gobernabilidad

Salvador Guerrero Chiprés<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Salvador Guerrero Chiprés*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Para quienes tienen nostalgia del PRI, a 55 años del halconazo de aquella tarde de 1971, los mismos ansiosos de la celebración del triunfo de ese partido en Coahuila donde el mayor perdedor fue el PAN, el mensaje de la capital nacional y del Gobierno federal es tan preciso como voluntariamente ignorado por los actores políticos ultrarradicales y los convencionales de la oposición: no somos iguales a quienes reprimen.

El Mundial de futbol es prueba de estrés para el sistema político y la izquierda gobernante. También lo es para opositores de derecha y ultras, ahora unidos en el extremo de su expectativa de beneficiarse de una respuesta de fuerza por parte del Estado, la cual pudiera darle nueva vida y nuevos recursos a unos y otros.

La CNTE y sus más problemáticas escisiones o radicalismos internos persisten en apostar a una infinita permisibilidad y tolerancia de la ciudadanía y de la autoridad.

Si enarbolan causas sociales creíbles o no, o a pesar del conocimiento consolidado del carácter político extorsivo de algunas expresiones de esa organización, la opinión pública desaprueba las agresiones a peatones, automovilistas, autoridades, pequeños y medianos empresarios comprometidos con seguir el empuje del proyecto de nación encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum e impulsado en la CDMX por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada.

Ambas han dado señales de equilibrada tolerancia y de una vivencia estoica de convicciones democráticas. Existen en ellas —ninguna jamás integrante del PRI— creencias compartidas en contra de la represión y a favor del diálogo insistentemente promovido por la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, a pesar de las interminables provocaciones impunes.

Segmentos de la CNTE y escisiones del movimiento magisterial —alguna vez enorme contribuyente del proceso democrático nacional, especialmente en los años 80 y 90, y algunos de los cuales fueron marginalmente cercanos o incluso base simpatizante de organizaciones subversivas o insurgentes como el Ejército Popular Revolucionario (EPR) en los 90— hoy mantienen sitiada la operación, logística y discurso de los gobiernos estatales y federal e insisten en amenazar la inauguración y curso del Mundial de futbol.

Algunos dirigentes de la CNTE, en los años más recientes, tienden a terminar arreglando sus retiradas a cambio de dinero en efectivo, concesiones contractuales imposibles para otros trabajadores o amenazando año tras año con su intervención colocada para anular los derechos de tránsito y económicos del resto de la población.

A escasas 24 horas de inaugurarse la Copa del Mundo, en la cancha de la gobernabilidad se despliega la oportunidad más nítida para observar cómo la administración de Sheinbaum y de Brugada redefinen los límites de la contención y nuevas etapas de disuasión estratégica, sorteando la amenaza puesta en contra de la comunidad.

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