VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

El fin del romance entre Trump y Netanyahu

Gabriel Morales Sod<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

El primer quiebre en la cercana relación que mantuvieron Netanyahu y Trump desde que este último llegó a la presidencia ocurrió tras la victoria de Biden en 2020. A regañadientes, y después de casi todos los líderes del mundo, Netanyahu felicitó públicamente a Biden.

Trump, que hasta hoy sostiene, contra toda evidencia, que le robaron la elección, expresó su decepción y llegó a calificar a Netanyahu de traidor. Pasaron varios años para que ambos líderes volvieran a estar en buenos términos; sin embargo, los enormes esfuerzos de Netanyahu por cortejar a Trump, su apoyo explícito en la contienda presidencial de 2024 y, sobre todo, la realidad política, terminaron por limar asperezas.

Trump descubrió durante sus años en el poder lo que muchos líderes del mundo ya sabían: Netanyahu es un político manipulador y concentrado ante todo en su supervivencia política. El reacercamiento entre ambos estuvo basado en la conveniencia y no en una amistad genuina. Mientras Netanyahu le sirvió para avanzar su agenda y reforzar su liderazgo, Trump no dejó de defenderlo e incluso llegó al presidente de Israel para otorgarle un perdón a Netanyahu y liberarlo de sus juicios por corrupción. Sin embargo, ahora que Netanyahu se ha convertido en un lastre político, Trump no ha dudado en tomar distancia.

A pesar de algunos desacuerdos desde el regreso de Trump al poder, ambos mantuvieron una imagen de unidad durante gran parte de la guerra. El tema más delicado fue el acuerdo de cese al fuego en Gaza y la liberación de los rehenes. En donde Netanyahu terminó cediendo a la presión pública y a la presión de Washington y firmando el acuerdo, a voluntad de Trump.

Después llegó la guerra contra irán. En una primera etapa, Netanyahu logró convencer a Trump de involucrarse directamente en el conflicto y utilizar bombarderos B-2 para atacar instalaciones nucleares que Israel no podía destruir por sí solo. Las proezas del ejército israelí en esta operación reforzaron la percepción de Trump de que la alianza con Netanyahu era beneficiosa. Al presidente estadounidense le gusta aparecer como ganador.

Envalentonado además por su éxito en Venezuela y confiando en los planes agresivos de Netanyahu, Trump decidió acompañar una ofensiva sin precedentes contra Irán. El plan, basado en la esperanza sin bases de que el régimen iraní terminara colapsando bajo presión, no produjo los resultados esperados. Irán logró resistir, obligando a Estados Unidos a regresar a la mesa de negociación bajo la amenaza del cierre del estrecho de Ormuz y de un impacto severo sobre la economía mundial. Mientras tanto, la guerra comenzó a generar costos políticos para Trump y se volvió cada vez más impopular entre su base.

A Trump le urge alcanzar algún tipo de acuerdo antes de las elecciones de medio término. A Netanyahu, por el contrario, le urge reanudar la confrontación para intentar recuperarse políticamente de los reveses sufridos en Irán. Las diferencias comenzaron en privado, pero esta semana se hicieron visibles. Después de que Netanyahu autorizara ataques en Beirut y de que Irán respondiera contra Israel y viceversa, poniendo en riesgo las negociaciones con Washington, comenzaron a filtrarse versiones de fuertes discusiones entre ambos líderes.

Según reportó Barak Ravid en Axios, Trump perdió la paciencia durante una llamada y le dijo a Netanyahu: “Estás completamente loco. Estarías en prisión si no fuera por mí. Te estoy salvando el pellejo. Todo el mundo te odia ahora”. Esta misma semana, Trump declaró ante la prensa que no está seguro de que Netanyahu deba volver a postularse. La “amistad” parece haber llegado a su fin.

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