Bong Joon Ho (Daegu, 1969) es un cineasta coreano, que, como Park Chan-Wook ha demolido todas las expectativas y preconcepciones del público universal. Un visionario de la imagen en movimiento, quien, bajo la influencia de grandes como Kurosawa, Scorsese, Kubrick y Hitchcock, ha perfeccionado un estilo que ha traspasado barreras culturales y generacionales.
Tiene el don de fusionar en partes iguales y con máxima habilidad una variedad de géneros y de temáticas en un solo filme. Es una voz cinematográfica que siempre, sin excepción alguna, vale la pena escuchar y explorar.
La desigualdad social y económica en Corea del Sur es lamentablemente, como en muchos otros países, en la actualidad cada vez más notoria, y la brecha entre los que tienen y los que no se abre exponencialmente. Una de las paradojas de nuestro mundo, ya que su economía nacional está en crecimiento. Debido a la rápida demanda global por los semiconductores, la tecnología requerida para la Inteligencia Artificial, barcos y exportaciones de defensa militar, la nación surcoreana ha estado en un remonte financiero en los últimos años.

• Otra semana con la CNTE
Esto claro que es resultado de muchas cosas, debido a fluctuaciones políticas, económicas y sociales, pero también significa que un segmento de la población es cada vez más adinerado y otro cada vez más pobre.
En esta inevitable realidad nos encontramos en la trama de la magnífica película de Bong Joon-ho, Parásitos (2019).
La familia Kim, la madre y el padre (Chung-Sook y Ki-Taek) y sus hijos adolescentes (Choi-Woo-sik y Ki-Jung) viven en uno de los barrios más pobres de Seúl, en Corea del Sur. A pesar de estar acostumbrados a su situación, los cuatro desearían poder tener otra forma de vida.
La posibilidad de algo diferente se vislumbra cuando el hijo, Ki-Woo se convierte en el tutor de Da-hye (Jung Ji-so), la hija de la familia Park, sumamente opulenta, y quienes residen en uno de los vecindarios más privilegiados de la capital. Cuando Ki-Woo entra a su casa —un paradigma excepcional de la arquitectura modernista, un palacio de vidrio, mobiliario a la vanguardia, espacios abiertos y un jardín que parece un pedazo del Edén— sabe que ésta es su oportunidad y la de su familia. Gradualmente, los cuatro buscan la forma, a través de la manipulación, de habitar esa casa como trabajadores domésticos.
Lo que en un principio es aparentemente algo inocente se convierte en un conflicto entre las familias Kim y Park con consecuencias inimaginables, algo que se expresa en una narrativa entre lo absurdo, lo dramático, lo aterrador y lo humorístico. Junto con los personajes hacemos descubrimientos dentro de la casa que rompen con nuestra noción de cualquier película.
Lo que es maravilloso es que, a pesar de todo esto, el director Bong Joon Ho nunca pierde el hilo de lo que más importa: sus personajes, el corazón dramático de la premisa y una realidad que, aunque se vale burlarse de ella, no deja de ser profundamente dolorosa. En resumen… una obra maestra.
La película está disponible en Prime Video y en Netflix.

Pasará el Mundial

