PESOS Y CONTRAPESOS

Dos temas (2/2)

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Dos temas deberíamos discutir: la inflación (que le quita poder adquisitivo a nuestro dinero), y los impuestos (con los que nos quitan dinero). Con ambos se viola el derecho propiedad privada. El primer obstáculo para discutirlos es que en la discusión debe participar el gobierno, primer beneficiario, tanto de la inflación, como de los impuestos.

Me limito a dos preguntas. ¿Es correcto que un banco central tenga metas de inflación? ¿Es correcto que se cobre más de un impuesto? En el anterior Pesos y Contrapesos respondí la primera. En este respondo la segunda.

Si se cobra más de un impuesto se cobran muchos impuestos, y si se cobra un impuesto que no sea único (ni uno más), universal (sin excepción de objeto o sujeto gravable), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), no expoliatorio (para financiar únicamente las legítimas tareas del gobierno: (i) prohibir y prevenir la violación de derechos; (ii) castigar y obligar a resarcir a quienes los violen; (iii) proveer los bienes y servicios públicos, que realmente sean públicos, de cuyo consumo no sea posible exceptuar a alguien y cuyo consumo no genere rivalidad, y que realmente deban ser provisto por el gobierno, como es el caso del alumbrado en las calles), a la compra de bienes y servicios para el consumo final (no directamente al ingreso, incluidas las ganancias de los empresarios, no al patrimonio, no a la compra de factores de la producción), se cobra el impuesto equivocado.

Cobrar impuestos implica que el gobierno obliga a los contribuyentes, bajo amenaza de castigo, a entregarle parte del producto de su trabajo, de su ingreso, lo cual es un robo, legal, pero robo, porque viola el derecho de propiedad privada, que incluye el derecho al producto íntegro del trabajo.

Si necesitamos gobierno (¿realmente lo necesitamos?, léase, entre muchos otros, de Michael Huemer, El problema de la autoridad política, Editorial Deusto), entonces se necesitan impuestos para financiarlo, y entonces la pregunta es, ¿cuál impuesto (en singular), es el menos perjudicial (de entrada, el que menos distorsiones genera en ámbitos que van desde la producción hasta el consumo)? El que se cobra por igual a todos (no hay redistribución por el lado del cobro), y se usa para darles a todos por igual (tampoco hay redistribución por el lado del gasto). ¿Y qué es lo que el gobierno debe darles a todos por igual? Seguridad y justicia: prohibir y prevenir los delitos, la violación de derechos; castigar y obligar a resarcir a los delincuentes, a quienes los violen.

En México el gobierno, nada más a nivel federal, cobra más de un impuesto (este año cobrará, contando por separado cada uno de los impuestos especiales sobre producción y servicios, 17 impuestos distintos), y no solo grava la compra de bienes y servicios para el consumo final, sino, para empezar, la generación de ingresos (impuesto sobre la renta), y, para terminar, la producción, el consumo y las transacciones (los impuestos especiales sobre producción y servicios).

Padecemos un engendro tributario, sin olvidar el doble robo. Primero: el cobro de impuestos. Segundo: la malversación de fondos de parte de los gobernantes. El primero se da siempre. El segundo la mayoría de las veces.

Temas a discutir: la meta de inflación del Banco de México y los muchos impuestos del gobierno. ¿Quién se apunta?

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