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El acuerdo no significa paz

Antonio Michel Guardiola. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Antonio Michel Guardiola. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Donald Trump quiere una salida elegante: el Estrecho de Ormuz reabierto, el flujo de hidrocarburos reestablecido, los mercados respirando y la posibilidad de vender una victoria a su público. Pareciera que el anuncio de la firma de un acuerdo con Irán es la panacea que contiene todo lo anterior. El obstáculo no es necesariamente la contraparte, sino el “socio” que lo arrastró al conflicto y la pieza que no se menciona lo suficiente: Líbano.

El pacto tendrá tres columnas, de acuerdo con lo que se ha confirmado: 1) un cese de hostilidades; 2) la reapertura del Estrecho de Ormuz y 3) una negociación técnica sobre el programa nuclear iraní. Además, Washington se compromete a liberar activos congelados de Irán y flexibilizar algunas sanciones. Por su parte, Teherán se comprometería a no producir ni adquirir armas nucleares, así como permitir una discusión sobre el enriquecimiento de uranio. Trump ha asegurado que lo concretará y que con ello habrá acabado una guerra más. Contrario a su percepción, el acuerdo parece más un alto en el camino que un cierre de paso.

Cabe mencionar que el alardeo ha sido unilateral. Si bien Irán ha confirmado que llegarán a una pausa, no lo ha aceptado como una concesión. Al interior, los sectores más duros lo ven como una humillación: demasiadas promesas de alivio económico con pocas garantías reales. El gobierno iraní reitera que no abrirá por completo su carta nuclear ni abandona su influencia regional. Saben que cuentan con el apoyo de Rusia y China, además de que este conflicto ha puesto de relieve la fuerza que tienen a nivel mundial con el control del Estrecho de Ormuz. Han cobrado mayor seguridad y contundencia en la negociación.

La segunda fragilidad – y la más importante – es Israel. Irán insiste en que Líbano forma parte integral del acuerdo y que debe parar la guerra en todos los frentes. Éste es el punto más débil del acuerdo. Israel no está en el papel del pacto, por lo que no reconoce que sus ataques al Líbano estén atados a este documento. Ha dejado claro que no piensa retirarse de las zonas que considera necesarias para su seguridad. Si Israel continúa atacando posiciones de Hezbollah, Irán tendrá el pretexto perfecto para justificar que el acuerdo fue violado. Si Hezbollah responde, Israel hará lo mismo. Si Israel responde, Teherán podrá entrar nuevamente al tablero. De nuevo, Irán no lo percibe como un fin al conflicto.

Lo más probable es una desescalada parcial y temporal: menos ataques directos entre Estados Unidos e Irán, más movimiento en Ormuz, algo de alivio en los mercados y una diplomacia intensa durante dos meses. Pero también veremos una competencia narrativa. Washington dirá que frenó a Irán. Teherán dirá que resistió. Israel dirá que conserva libertad de acción y atacará a Líbano. Hezbollah dirá que no se rendirá. Irán tendrá una excusa para violar el supuesto acuerdo. Todos querrán ganar el relato, incluso si nadie gana la paz.

El viernes puede haber firma. Puede haber foto. Puede haber aplausos. Pero si Líbano sigue ardiendo, si Israel mantiene sus operaciones y si Irán decide que su prestigio exige responder, el fuego puede llegar a quemar el papel del pacto.

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